| 9/18/2009 12:00:00 AM

La mirada desde lejos

La única forma de mejorar como país es aceptando la realidad. Las mediciones externas tienen la virtud de mostrarla sin prevenciones ni prejuicios.

Lo más valioso de una medición, incluso antes de los resultados mismos, es la objetividad con la que se hace. La objetividad es un atributo central de los dos rankings mundiales sobre competitividad que acaban de publicar el Banco Mundial y el Foro Económico Mundial (FEM). Cada uno de ellos analiza un conjunto de variables para una muestra de países -183 en el primer caso y 133 en el segundo- que luego son ordenados de acuerdo con los resultados. Es un trabajo estructurado, que en ningún momento busca favorecer a un país sobre otro sino, más bien, mostrar la realidad de cada uno, tal y como es.

La metodología que utiliza el Foro Económico para la construcción del Índice de Competitividad Global (ICG) agrupa a los países de acuerdo con su nivel de desarrollo, el cual se establece con base en el ingreso per cápita. El FEM asigna diferentes ponderaciones a los pilares de la competitividad, según el estado de desarrollo de los países.

La metodología identifica tres niveles de desarrollo. El primero está basado en la dotación de factores, esencialmente, mano de obra no calificada y recursos naturales. En este nivel, las empresas compiten por precio y venden productos básicos o commodities. Su baja productividad se refleja en bajos salarios.

El segundo nivel, al cual pertenece Colombia -con un ingreso per cápita cercano a US$5.000- se basa en la eficiencia de los procesos productivos y una mejor calidad de los productos. En este nivel, la competitividad depende esencialmente de las condiciones de seis pilares: educación superior, eficiencia del mercado laboral, eficiencia del mercado de bienes, sofisticación del mercado financiero, extensión de los mercados interno y externo y capacidad para adoptar y adaptar la tecnología existente.

Finalmente, cuando los países están en la frontera del conocimiento, la innovación se vuelve fundamental para seguir avanzando en el desarrollo. La competitividad de un país en esa etapa depende de su capacidad para hacerlo. Si Colombia quiere mejorar su posición relativa en el ICG, debe trabajar en los seis pilares que tienen la mayor ponderación en su nivel. Sin embargo, el país queda muy mal parado en dos de los pilares básicos, que son muy relevantes en el primer estado de desarrollo: instituciones (puesto 101/133) e infraestructura (puesto 83/133).

Colombia debe asumir el hecho de que para progresar en la escala de desarrollo tiene que ascender en la cadena de valor, para lo cual ha de mejorar la productividad de los factores. Esto solo se logra mediante la educación y capacitación de la fuerza de trabajo, la absorción de tecnología y la eficiencia de los mercados de bienes, laboral y financiero.

En todos estos pilares estamos muy mal, según el ICG. Este año, Colombia mejoró cinco posiciones en el ICG, al pasar del puesto 74 al 69. Sin embargo, en la región latinoamericana retrocedió un puesto, del 8 al 9. Simplemente, los demás países de la región -con quienes competimos- se movieron más rápido. Esta es una prueba de que, en el mundo globalizado, quienes no avanzan se quedan atrás.

Nuestro deslucido desempeño en el Índice de Competitividad Global debe ser interpretado como un campanazo de alerta para cambiar. El propio ICG nos da una agenda y unas prioridades para este cambio. Ahora solo falta decidir si realmente queremos hacerlo.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?