| 2/20/2009 12:00:00 AM

La junta del BANREP

Este no es momento para equivocaciones. Los nuevos miembros de la Junta del Banco de la República tienen que ser personas idóneas en los temas monetarios y capaces de entender las consecuencias de sus decisiones.

La responsabilidad de la Junta Directiva del Banco de la República en el manejo de las políticas monetaria, cambiaria y crediticia del país es enorme. Es indispensable que sus integrantes sean personas idóneas, capaces de entender las implicaciones de sus decisiones. 

Los miembros de la Junta del Emisor deben ser profesionales que se han entrenado en profundidad en los temas monetarios, se han fogueado en los más exigentes escenarios en este campo, conocen bien la institucionalidad colombiana e internacional y están al día en la discusión mundial sobre estos asuntos, que evoluciona a gran velocidad y exige un elevado nivel de sofisticación para entender los conceptos que se manejan.
Un banquero central no se improvisa. Basta mirar las hojas de vida de algunas personas que se han desempeñado con éxito en estas posiciones.

El actual gerente general del Banco de la República, José Darío Uribe, acumuló años de trayectoria profesional y debió demostrar sus capacidades en la jefatura de investigaciones económicas y la subgerencia técnica del Banco, antes que su nombre fuera considerado para la gerencia de la entidad. Leonardo Villar, quien sale de la Junta al cumplirse su periodo, es un economista formado en las más exigentes instancias de la academia y el diseño de política económica en el país; fue investigador de Fedesarrollo, viceministro de Hacienda y solo después de desempeñar estos cargos llegó al Banco de la República.

Hoy, cuando nos encontramos en medio de la crisis financiera internacional más severa desde la Gran Depresión de los años treinta, los niveles de exigencia ante la elección de los miembros de la Junta del Emisor deben ser mayores que nunca. Una equivocación en este sentido podría amenazar la gobernabilidad de la Junta y revertiría en contra del Banco y de la economía de Colombia.

El presidente ha manifestado su interés de nombrar un empresario en el cargo. Sin embargo, nuestro país ya tuvo la experiencia de tener empresarios manejando la política monetaria. Los resultados fueron  desastrosos por la multiplicidad de intereses que se manejaban.

De hecho, esta es la razón por la cual el constituyente estableció la autonomía de la banca central (Constitución Política de Colombia, cap. 6).

Al hacerlo, estaba pensando en una entidad que no pudiera obrar con sujeción a las instrucciones políticas del Gobierno. Esta entidad debería poder analizar los fenómenos monetarios libremente y diseñar sin injerencia de otras autoridades los instrumentos necesarios para cautelar la estabilidad de la moneda y asegurar la solidez y la confianza en el sistema monetario, actuando en coordinación con el Gobierno y teniendo en cuenta el interés público y el beneficio de la economía nacional. 

En la coyuntura actual, el manejo de la política monetaria es crítico, más aún cuando el espacio para una política fiscal contra cíclica es reducido. Habrá la tentación de pedirle a la política monetaria que resuelva por sí sola la crisis. No solamente no puede hacerlo, sino que semejante ensayo puede acelerar el desajuste de toda la economía.

Muchos creen que la Junta puede reducir los intereses a voluntad y que esa es la fórmula para mantener el nivel de la actividad económica. Sin embargo, la capacidad de la Junta para reducir las tasas de interés depende de la evolución favorable de la inflación y de lo que pase con los flujos de capital.

Si la crisis internacional se agudiza y se acelera la salida de capitales del país, a la Junta se le reduciría el espacio para bajar los intereses, como posiblemente quisiera el Gobierno. Reducir drásticamente los intereses en esas circunstancias aliviaría quizás la situación de muchos en el corto plazo, pero generaría un grave problema hacia adelante.
 
Ojalá el presidente Uribe evalúe muy bien las capacidades de las personas que elegirá como miembros de la Junta del Banco y tenga en cuenta las nefastas experiencias del pasado, cuando se creía que este rigor no era necesario.
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