| 4/30/2004 12:00:00 AM

La irrelevancia de lo relevante

La ligereza con que se está dando la discusión acerca de la reelección del presidente Uribe es una muestra más de la poca profundidad con que se hacen los debates en el país. Detrás de ella, hay mucho más que la simple percepción de mayor seguridad que tenemos los colombianos.

En qué momento perdimos el foco frente a lo relevante, es algo que quedará para los historiadores. La realidad inmediata es que en este país ya nada parece tener importancia, ni siquiera los temas críticos en los que se juega el futuro de Colombia. En lo económico, hace años que la discusión se quedó en el sube y baja de indicadores como tasas de interés o tasas de cambio, sin que se dé valor a la tarea de analizar las causas detrás de estos movimientos o sus consecuencias. Lo relevante es la utilidad individual que se pueda derivar del sube y baja.

En esta misma línea se está dando el debate frente a las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Mientras que en el nivel sectorial cada grupo busca la manera de limitar los impactos negativos inmediatos que puedan salir de la negociación, pocos piensan en la importancia que tiene para el país el hecho de que el gobierno negocie bien para beneficio de todos y, más importante aún, que asuma frente a la sociedad la responsabilidad que le corresponde por haber tomado la decisión de embarcar al país en este acuerdo. Esa responsabilidad incluye, en primer término, adelantar las reformas estructurales que se requieren para dar un cimiento sólido a la economía hacia el largo plazo. Sin una estructura sólida, no habrá competitividad, y sin competitividad, no se materializarán los grandes beneficios potenciales del TLC.

No obstante, cuando se mira la agenda legislativa, lo único que hay para este año en materia económica es la reforma pensional y la reforma al Estatuto Orgánico de Presupuesto, la cual es un saludo a la bandera en la medida en que no ataca el problema de fondo, que es la ausencia de una restricción presupuestal. No se están mirando los temas de infraestructura, comunicaciones, conectividad, eficiencia de los puertos, tecnología, reglas del juego y demás, sobre los cuales es preciso trabajar para poder ser exitosos con el TLC. Peor aún, no se están evaluando los costos que sobre la financiación futura tendrá la postergación de los ajustes en las finanzas públicas. Un gobierno incapaz de reducir sus gastos y hambriento de financiación será un enorme obstáculo para la competitividad del sector privado, en la medida en que desplazará recursos y presionará las tasas de interés.

La economía está bien, la confianza en el país se ha restablecido y la seguridad ha mejorado. No hay duda sobre ninguno de estos temas. Pero lo que se ha logrado hasta ahora, aunque es excelente, no es suficiente para soportar el impacto que tendría un eventual aumento de las tasas de interés en Estados Unidos sobre los costos de financiación de la deuda colombiana.

La reelección del presidente Uribe podría ser algo positivo, pero solamente en la medida en que haya motivos para reelegirlo. Si ese es su objetivo, el presidente Uribe tendría que encontrar el tiempo y el espacio político para sacar adelante las reformas estructurales pendientes en el tema fiscal y también todas las que se requieran para que Colombia compita favorablemente en el nuevo entorno del TLC. Si no lo hace y es reelegido, su segundo gobierno recibirá la cuenta de cobro por las omisiones cometidas en este primer período. Pero, además, seremos los colombianos quienes estaríamos en una peor situación. Por esto, hay que exigirle resultados al presidente Uribe sobre las reformas de fondo que necesita Colombia.
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