| 2/4/2011 12:00:00 AM

La hora de los delfines

Con la llegada de Miguel Cortés Kotal a la presidencia del Grupo Bolívar se cierra el ciclo de sucesiones en los principales imperios empresariales del país. Los retos son enormes.

La noticia no sorprendió. Desde hacía meses se rumoraba que el reemplazo de José Alejandro Cortés en la presidencia del Grupo Bolívar sería Miguel Cortés Kotal, uno de sus siete hijos, quien acaba de ser nombrado en la presidencia del tercer grupo financiero del país.

La hoja de vida de Miguel Cortés deja ver una preparación larga y paciente, para llegar a las más altas responsabilidades del mundo financiero: economista de Stanford, MBA de Harvard, experiencia en PriceWaterHouse Coopers en Estados Unidos, vicepresidente financiero del Grupo Bolívar, fundador de su propia corredora de bolsa, experto en fusiones y adquisiciones.

José Alejandro Cortés fue presidente de Bolívar durante 41 años. Miguel Cortés tiene en este momento 51 años y no sería extraño que su período de mando llegue a las tres décadas. Una cosa es cierta: serán años mucho más agitados que los que vivió su padre.

Los cambios por los que ha pasado el Grupo Bolívar en los últimos 15 años fueron mucho más drásticos que todos los anteriores vividos desde la creación del grupo. A mediados de los 90, la organización era grande, pero era fundamentalmente una aseguradora y un banco especializado en vivienda. Hoy, Davivienda es el tercer banco del país por tamaño de activos y compite agresivamente en todos los mercados, desde el crédito corporativo hasta el agrícola. Seguros Bolívar tiene un portafolio de inversiones de varios billones de pesos. La constructora es uno de los principales jugadores en vivienda de interés social.

The Economist decía hace poco que la vida empieza a los 46 años, y eso sí va a ser cierto en el caso de Miguel Cortés. En este momento, el experto financiero tiene que cambiar de piel y transformarse en otro individuo que el grupo está esperando: el líder visionario, inspirador, que mostrará el camino del mejor futuro posible.

Bolívar tiene la oportunidad de lograr metas extraordinarias. Los retos son también gigantescos.

El primer reto es el crecimiento. Las empresas colombianas nos parecen grandes a nosotros, pero en realidad son peso pluma en el contexto mundial. Los grandes de Colombia se ven incluso a gatas para que los vean en las mismas ligas donde juegan las grandes empresas de México, Brasil, Argentina o Chile. Eso no puede seguir así.

Las empresas de Bolívar están llamadas a pertenecer al grupo de compañías colombianas que se convertirán en grandes jugadores internacionales en esta década. Las operaciones en los países vecinos y la salida a la bolsa de Nueva York son pasos bien encaminados en esa estrategia. La gran dificultad será escalar las operaciones internacionales a la velocidad necesaria. La experiencia en adquisiciones de Miguel Cortés será sin duda una gran ventaja, pero el reto no es solamente financiero. Habrá que romper récords de velocidad en lograr la integración de las empresas adquiridas e imprimirles la cultura de la organización.

El crecimiento también deberá ser veloz en el mercado doméstico. El incremento de los ingresos en los estratos medios y bajos de la población será la gran tendencia de la década en Colombia. Bolívar tiene una posición envidiable para sacar ventaja, pues pocos tienen tantos puntos de entrada a tantos mercados, en tantas regiones y estratos como ellos.

Esto abre paso al segundo gran reto, que es el de la sinergia entre las organizaciones. La actividad en construcción y la intención de participar en pensiones e infraestructura muestran que el portafolio estratégico de Bolívar busca reflejar la propia estructura de la economía. El obstáculo será la complejidad, que se incrementará exponencialmente a medida que crezcan las compañías.

El tercer reto es el gobierno corporativo y la responsabilidad con los stakeholders. El Grupo Bolívar tiene una ventaja grande, y es que la gente en Colombia quiere a la organización y sus marcas. Es un afecto ganado en los hechos y en la historia. Ante la expansión de las operaciones, mantenerse a la altura de las expectativas es un imperativo.

El cuarto reto es mantener y fortalecer la cultura interna. Con su talante humanista, José Alejandro Cortés logró imprimir unos valores extraordinarios, según los cuales el centro de la actividad es el ser humano y la creación de valor para los consumidores. Miguel Cortés entiende la importancia del tema y ha asegurado que esa prioridad continuará. Allí enfrenta también un terreno nuevo, donde deberá lograr un balance delicado entre la continuidad y la innovación.

Miguel Cortés es el más reciente delfín que llega a la presidencia de un conglomerado empresarial en Colombia. Hace pocos días Harold Eder relevó a su padre, Henry Eder, en la presidencia de Inversiones Manuelita. Lo mismo ha ocurrido con Alejandro Santo Domingo y Nayib Neme Arango. Por su parte, Carlos Julio Ardila y Luis Carlos Sarmiento Jr. se mantienen cerca de la cúpula de sus organizaciones y podrían llegar a reemplazar a sus padres.

Los hijos tendrán que ser mucho mejores que los padres, pues el mundo en el cual se desenvolverán será muchísimo más complejo. Las oportunidades son gigantescas frente al pasado, pero los costos de los errores serán también radicalmente más altos.

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