La hora de los balances

| 7/26/2002 12:00:00 AM

La hora de los balances

Se acerca el final del gobierno Pastrana y todos, medios, analistas y empresarios, estamos muy ocupados haciendo el balance de los últimos cuatro años. Las evaluaciones se han inclinado hacia el lado negativo. De acuerdo con la encuesta reciente de Invamer-Gallup, un 64% de los colombianos tiene una imagen negativa de este Presidente.



Hay que mirar las cosas con calma. En el área económica, los resultados son malos en crecimiento, igualdad social y equilibrio fiscal, y esas tres sombras son tan grandes que ejercen un peso decisivo hacia el lado negativo en la balanza. Sin embargo, los resultados no son universalmente malos. Cuando se mira con cuidado la gestión de sus colaboradores, se encuentran logros destacados que aportan bases muy valiosas para el trabajo del nuevo gobierno. El limitado espacio impide ser exhaustivos, pero se pueden mencionar varios ejemplos. En los dos años que estuvo en el cargo, Francisco Lloreda, ministro de Educación, logró sacar adelante la normatividad del sector, a la vez que recuperó para este ministerio el control sobre la política de educación. Eduardo Pizano, ministro de Desarrollo, le imprimió un nuevo dinamismo al sector de la construcción. Las ministras Martha Lucía Ramírez y Angela Orozco impulsaron las exportaciones menores y dejan un sólido trabajo preparatorio para las negociaciones comerciales. Angela Montoya, ministra de Comunicaciones, deja iniciado el proceso de adjudicación de las frecuencias de PCS. Juan Mayr, ministro del Medio Ambiente, llevó el desarrollo sostenible a un nuevo nivel en el país. Juan Manuel Santos, ministro de Hacienda, desarrolló una gestión muy hábil en medio de un entorno internacional adverso.



¿A qué obedece, entonces, la pésima imagen de este Presidente? Es obvio que su dedicación personal al tema de la paz y el desfavorable desenlace que tuvo su visión están en la raíz del problema. Pero, además, su distancia frente a los otros temas generó un efecto muy negativo. Los colombianos se quedaron con la impresión de que el tema económico no le interesaba a este Presidente. No bastó que se rodeara de gente capaz y dedicada, pues la opinión pública nunca vio al Presidente como el líder que estaba orquestando lo que se hacía en su gobierno.



Esta ausencia del líder fue, en alta medida, la razón que llevó a los votantes colombianos a elegir a Alvaro Uribe como Presidente. Los colombianos querían una persona que pusiera la cara y les mostrara un norte, alguien capaz de unir a las partes en torno a un objetivo común, el país.



Esta situación encierra también peligros. La elección de Uribe no es un acto mágico que implica que las cosas van a cambiar de inmediato. El camino tan solo empieza el 7 de agosto. La tarea requerirá no solo el trabajo y el esfuerzo del nuevo Presidente y de sus ministros, sino también el de todos los colombianos. Muy posiblemente, muchas de las medidas que tomará el nuevo Presidente serán impopulares. No pasarán meses, sino años, antes de que se puedan ver los logros de su gestión. Es probable que la situación se deteriore más antes de que empiece a mejorar. Pero Alvaro Uribe es una persona comprometida y dedicada y tiene el propósito de gobernar al país. Por esto, a pesar de las dificultades, los colombianos debemos rodear al nuevo Presidente para que pueda ser exitoso en este empeño.
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