| 1/22/2015 12:00:00 PM

La Fuerza Pública y la Paz

Cuando le preguntaron al expresidente Belisario Betancur cuál había sido su mayor error en el proceso de paz que lideró, respondió que fue “no involucrar a los militares desde el comienzo”.

Por ese motivo, desde el inicio del proceso en La Habana con las Farc, el presidente Santos involucró al general Mora, excomandante general de las Fuerzas Militares, y al general Naranjo, exdirector de la Policía. La idea era que estos generales retirados, con gran prestigio en el país y ascendencia sobre la tropa, estuviesen informados paso a paso sobre el proceso de paz con las Farc y pudieran actuar en conjunto con los demás militares retirados así como con los activos.

Otro gran acierto del presidente Santos fue el nombramiento de Juan Carlos Pinzón Bueno como Ministro de Defensa. Pinzón, quien ha hecho la mayor parte de su carrera al lado del Jefe de Estado, conoce profundamente la institución militar, ya que es hijo y nieto de militares y no solo tiene una esposa del mismo origen sino que se ufana de tener parientes en todas las fuerzas. Sin lugar a dudas, Pinzón es, para usar el argot militar, ‘propias tropas’, bajo el punto de vista de las Fuerzas Armadas. Quizás por ese motivo Pinzón es ya el Ministro de Defensa civil que más tiempo ha estado en su cargo y al mismo tiempo uno de los Ministros bajo cuyo mando las Fuerzas Armadas han mostrado sus mayores logros.

Hasta ahora la estrategia ha funcionado y, a diferencia del proceso de paz del presidente Pastrana, no se han oído ruidos de sables al interior de las tropas ni tampoco grandes controversias públicas. Por el contrario, a pesar de la aversión natural que tienen muchos militares a la negociación con las Farc, varios generales activos y en retiro han salido en defensa del proceso.

Ahora las negociaciones han entrado en un nuevo ciclo. “Les he dado instrucciones a los negociadores para que inicien lo más pronto posible la discusión sobre el punto del cese de fuego y hostilidades bilateral y definitivo”, fue la orden que impartió el pasado miércoles 14 de enero el presidente Juan Manuel Santos a los representantes del Gobierno en las negociaciones con las Farc en La Habana, Cuba.

Son muchos los retos que enfrentan las Fuerzas Armadas en esta nueva fase. En primer lugar, es necesario que se les dé una visión de cómo podrían estar operando en unos 10 o 20 años de una manera moderna y eficiente. En otras palabras, es fundamental que el Gobierno sea capaz de transmitirles a los militares la idea de que el proceso de paz no significa un debilitamiento de las fuerzas militares, sino más bien un fortalecimiento y un rebalanceo de sus capacidades –como lo es por ejemplo fortalecer el cuerpo de ingenieros– para que las Fuerzas Armadas puedan atender las necesidades de la comunidad llevando consigo seguridad y desarrollo.

Para lograr la adaptación a estas nuevas tareas, las Fuerzas Armadas tienen que construir sobre sus fortalezas y sobre su experiencia: ellas han alcanzado uno de sus niveles más altos en términos operativos; además, la política de base industrial de defensa llevada a cabo a través del Grupo Social y Empresarial de Defensa –GSED– ha sentado las bases para una modernización del sector de defensa.

Cuando se habla del Ministerio de Defensa de Colombia se habla tal vez de una de las empresas más grandes del país y de la región, y la más grande empleadora de Colombia, con medio millón de personas activas entre militares, policías y civiles, un presupuesto del orden de $28 billones, un sector con 19 empresas e ingresos por $7 billones. Además, su sistema de salud tiene 1,4 millones de usuarios, por lo que puede ser la EPS más grande del país.

Por todos estos motivos, su modernización tras el proceso de paz es un reto institucional así como una gran transformación empresarial. El artículo central de esta edición de Dinero analiza varios de los aspectos de este reto.

Por supuesto el core business del Ministerio de Defensa es ofrecer seguridad y protección a todos los colombianos y seguirá siendo el mismo. Sin embargo, es fundamental que el gobierno nacional dé una visión realista de cómo operarían las Fuerzas Armadas luego de la firma de un proceso de paz. Sin la claridad y ejecución de esta visión ni el compromiso de la Fuerza Pública con ella, las Fuerzas Armadas podrían ser un obstáculo en vez de un catalizador del proceso.

En sus más de tres años en Defensa, el ministro Pinzón ha logrado mantener la cohesión de las Fuerzas Armadas mientras estas se modernizan militar y administrativamente. Quizás más importante, el Ministro sembró las semillas de una modernización profunda del sector. Todas estas acciones tienen que ser articuladas en una visión orgánica de las Fuerzas Armadas. Y los generales tienen que comprar esa visión. De no ser así, cualquier acuerdo de paz no dejará de ser frágil y quizás efímero.
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