| 8/20/2010 12:00:00 AM

La fortaleza del peso

Más que presionar al Banco de la República para que ponga freno a la revaluación, los empresarios deben buscar que el Gobierno genere las condiciones necesarias para un entorno competitivo.

El debate sobre la fortaleza del peso frente al dólar y su impacto negativo sobre la competitividad de los sectores exportadores nunca tendrá fin. Las razones de la apreciación del peso son bien conocidas y obedecen tanto a causas externas como internas. Aunque parezca repetitivo, mientras la controversia exista será importante volver a examinar dichas causas.

En cuanto a las externas, como la desvalorización del dólar frente al resto de monedas fuertes del mundo, no hay nada que se pueda hacer desde Colombia.

Una mirada al entorno externo actual confirma que los países en desarrollo deben esperar un fortalecimiento de sus monedas. Estas economías están creciendo y, en la gran mayoría, si bien no en todas, las tasas de interés están aumentando o van a aumentar. Esto es suficiente para incentivar el flujo de capitales hacia estos países.

Entre tanto, la recuperación de la economía de Estados Unidos perdió impulso en el segundo trimestre y no se espera que esta tendencia cambie en lo que resta del año. De hecho, el presidente del la FED, Ben Bernanke, reconoció públicamente que la recuperación será más lenta de lo que se había previsto inicialmente y, por tanto, las tasas de interés se mantendrían bajas por un tiempo largo.

Con tasas de interés a la baja en Estados Unidos y tasas al alza en sus mercados de capitales domésticos, los países en desarrollo pueden anticipar una afluencia de recursos de capital buscando rentabilidad. Colombia no es la excepción. La Bolsa de Valores se ha valorizado 14% en los primeros 8 meses del año y es posible que el Banco de la República suba los intereses muy pronto, pues la tasa de crecimiento prevista para el año, de 4,5%, es ya la tasa potencial de la economía. Todo lo anterior permite augurar que el peso seguirá siendo fuerte.

Por el lado de las razones internas, la principal causa de la revaluación tiene que ver con la magnitud del déficit fiscal del gobierno central, alrededor de 4,5% del PIB, y la necesidad de financiarlo. El requisito de recursos de financiamiento supera las posibilidades del mercado local, lo que obliga a salir al exterior a conseguir los recursos faltantes. Cada vez que la Tesorería monetiza los dólares que el Gobierno consigue por fuera, el peso se revalúa. Si este desequilibrio no se corrige, no será posible aminorar el impacto de la revaluación de la moneda.

Igualmente, la inversión extranjera, si bien es bienvenida en términos generales, no siempre es útil para el país. Es el caso de la que llega por la vía de los paraísos fiscales, así como la de algunas firmas de segunda línea, que vienen con ánimo aventurero, sin ningún tipo de compromiso por el medio ambiente o las comunidades. El país debe mirar muy bien cuál es la inversión que le interesa atraer.

Sin duda, la revaluación afecta la competitividad de las exportaciones. No obstante, esta competitividad depende de la productividad, antes que de la tasa de cambio. Y la productividad del país no solamente depende de los procesos productivos de las empresas, sino también de factores que son ajenos al control de estas últimas, como son la estructura tributaria, la infraestructura, los costos laborales y de transporte, los trámites y otros elementos que, en Colombia, se convierten en cargas que frenan las posibilidades de crecimiento.

Por estos motivos, el sector exportador no debería presionar al Emisor para que intervenga con el fin de detener la revaluación de la moneda. El Emisor no podría hacerlo aunque quisiera, pues la revaluación obedece a grandes fuerzas que no pueden ser controladas desde Colombia. Los exportadores deberían utilizar su capacidad de presión, en cambio, para hacer entender al Gobierno que tiene la responsabilidad de generar un entorno competitivo para sus productos. Para terminar, no sobra recordar que la revaluación no es mala para toda la economía. Un dólar barato le permite al país importar y abastecerse de productos a buenos precios, tanto para los hogares como para las empresas. Las propias empresas exportadoras se benefician, pues les facilita la adquisición de maquinaria e insumos. Igualmente, ayuda a controlar la inflación, una de las mayores ganancias de la economía en los últimos años. No todo es malo con la revaluación.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?