| 11/12/2010 12:00:00 PM

La esquizofrenia estratégica de los gremios

Al pretender defender intereses contradictorios de sus afiliados, los gremios ponen en peligro su relevancia de largo plazo en la vida económica del país.

Las investigadoras Eva Collins y Juliet Roper desarrollaron el concepto de la "esquizofrenia estratégica de los gremios", que ocurre cuando esas organizaciones enfrentan conflictos entre intereses contradictorios que deben servir. Los gremios deben decidir entre objetivos de corto y de largo plazo, entre su compromiso con la defensa de los bienes públicos y los beneficios privados, y entre su defensa de los asociados grandes y los pequeños. Con frecuencia, debido a ese conflicto asumen posiciones contradictorias o, como lo definen las autoras, "posturas esquizofrénicas".

En Nueva Zelanda, el caso que estudiaron las investigadoras, los gremios defienden posiciones a favor del medio ambiente, al tiempo que gastan fortunas promoviendo una regulación ambiental más laxa.

En Colombia hay buenos ejemplos del fenómeno. Los gremios están alineados con las estrategias de competitividad. Han demostrado su compromiso organizando a sus afiliados y coordinando un trabajo exigente que incluye la búsqueda de fondos para financiar los estudios de esta iniciativa.

Al mismo tiempo, sin embargo, a medida que se profundiza la tendencia a la devaluación del dólar, los gremios asumen posiciones que van en conflicto con la competitividad del país en el largo plazo.

Así, por ejemplo, la Andi propuso al Banco de la República hacer intervenciones masivas para contener la revaluación, a pesar de que la evidencia indica el alto costo y el limitado impacto de estas acciones. Las propias encuestas de la Andi muestran que las intervenciones quitan el incentivo para que los empresarios se cubran ante las variaciones en el tipo de cambio con instrumentos financieros como los forwards. Esto equivale a pedirles a todos los colombianos que asuman el costo del cubrimiento cambiario que deberían hacer con sus propios dineros los 6.432 exportadores que hacen ventas permanentes al exterior.

La esquizofrenia puede ir más allá, como cuando Asocolflores y los bananeros defienden lo indefensable: el hecho de haber usado varios billones de pesos de fondos públicos para mantener un modelo de actividad que es necesario replantear a fondo. Además, insisten en pedir nuevos subsidios. No solamente las acciones, sino también las omisiones pueden ser manifestaciones del fenómeno, como cuando dejan de descalificar a sus agremiados que utilizaron los subsidios para actividades que no correspondían al propósito asignado al mecanismo. Otras agremiaciones se ponen los lentes oscuros frente a los líos de elusión o evasión tributaria de sus afiliados.

Las empresas deben entender que el verdadero sentido de un gremio está en construir un espacio para trabajar por intereses de largo plazo, aquellos que las propias empresas no tienen capacidad para articular en forma individual. La agenda de los gremios debe estar alineada con la búsqueda de la productividad y el crecimiento de largo plazo y no con la cacería de recursos públicos para resolver problemas coyunturales.

Hay ejemplos en los que crean agendas de futuro, como cuando Fedepalma promueve la mecanización o Andigraf propone revisar las bases de su industria, montada sobre el papel impreso, ante el avance de la era digital. Como cuando pasan de enunciar principios de gobierno corporativo, sostenibilidad o autorregulación a mostrar hechos en la práctica; o cuando Javier Díaz, presidente de Analdex, insiste en que "prefiero carreteras buenas, a plata en el bolsillo".

La esquizofrenia de los gremios se entiende, pero no lleva a ninguna parte. Los gremios deberían defender una agenda de futuro para evitar que sus afiliados se queden enterrados en el pasado.

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