| 8/13/1999 12:00:00 AM

La empresa de la ciencia

El decrecimiento de la economía durante el primer semestre llegó al 6% y ello hará muy difícil que en 1999 el PIB no caiga por lo menos en 2%. El ingreso per cápita en dólares llegará a US$1.772, casi 30% menor que el de 1997 e inferior al de 1994. Creemos que detrás del pobre crecimiento, hay mucho más que la mala macroeconomía y la mucha violencia que atraen la atención de la prensa.



En medio del ajuste macro y social, no puede perderse la principal lección del desarrollo económico: los países crecen más cuando invierten más (en infraestructura pública, en maquinaria y equipo o educación) o cuando hacen mejor las cosas, organizan mejor su gobierno y sus negocios, o desarrollan el conocimiento y la ciencia para aumentar su productividad. En el nuevo siglo de la economía del conocimiento, la educación y la tecnología serán los factores más importantes para recuperar nuestro progreso.



Aunque, de acuerdo con el World Competitiveness Report, Colombia no brilla hoy por la calidad de su educación básica y su tecnología, hay serios indicios de cambio. La cobertura de educación superior en ingenierías ha llegado al 5% de la población joven, el doble que en los países en desarrollo y 70% más alto que en América Latina. Los centros de excelencia en investigación básica, como los de Patarroyo y muchos otros, después de años de esfuerzo y dedicación, finalmente están logrando avances de talla mundial. Y, para completar, (página 24) el número de innovaciones tecnológicas significativas en las empresas colombianas en los años recientes sorprende hasta a los más escépticos.



Es posible que, en la próxima década, Colombia exporte mayor valor en los desarrollos de la nueva tecnología que en café; que la aplicación de la biotecnología dispare a niveles no conocidos la productividad agrícola; que con mejores métodos de diagnóstico y prevención de enfermedades transmisibles, la expectativa de vida aumente varios años.



Estas son las semillas para superar el viejo modelo del almendrón en la ciencia: empresarios encerrados en sus empresas, científicos encerrados en sus laboratorios y recursos estatales guardados en las oficinas de la burocracia.



El gobierno podría contribuir mucho a un nuevo modelo con varias estrategias:



1. Impulso presupuestal e institucional de los grupos que comiencen a dar resultados.



2. Renovar el envío de jóvenes científicos, 500 ó 600, al exterior a hacer doctorados.



3. Reorientar al Sena hacia el sistema nacional de innovación, con verdadero compromiso hacia los centros de Desarrollo Tecnológico y las incubadoras de empresas.



4. Consolidar los estímulos tributarios a la investigación y el desarrollo en empresas.



5. Profundizar la buena iniciativa del Fondo de Productividad empresarial para fondear verdadero capital de riesgo para la innovación y la investigación.



6. Rescatar a Colciencias como un articulador del Sistema de Ciencia y Tecnología, evitando que su presupuesto nominal sea menor que el de 1993-94, y poniendo al frente a un buen director.



Con mejor entorno y mayor capacidad institucional de los innovadores en los centros de investigación y en las empresas, el país puede hacer de la ciencia moderna y sus aplicaciones su empresa más productiva.



¿Por qué no poner esto ahora sí alto en las agendas pública y empresarial?
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