| 10/2/2009 12:00:00 PM

La decisión de la Junta

La decisión de la Junta del Emisor de reducir la tasa de interés es acertada. Sin embargo, la responsabilidad por la recuperación de la economía no puede caer solo en el Banco. El Gobierno debe promover reformas de fondo para generar empleo y, por esta vía, reactivar el consumo.

En junio, la Junta del Banco de la República anunció que no se deberían esperar reducciones adicionales de la tasa de interés, pues el efecto rezagado de la política monetaria y la mejora de las expectativas de los empresarios y los consumidores se verían reflejados en una recuperación gradual de la economía a partir del segundo semestre de 2009.

Sin embargo, en la reunión del 25 de septiembre, el Emisor redujo la tasa de interés nuevamente en 50 puntos básicos. ¿Por qué el cambio de parecer?

Esencialmente, el Banco identificó la necesidad así como el espacio para hacerlo. La inflación anual, la principal preocupación del Banco de la República, se ha comportado mucho mejor de lo esperado, llegando a 3,1% en agosto, por debajo del piso del rango meta para el año -rango que está entre 4% y 5%-. Igualmente, las expectativas de inflación se han reducido y la revaluación del peso se ha intensificado.

La decisión del banco es oportuna, en la medida que el Gobierno no tiene la capacidad fiscal para hacer política anticíclica y, por tanto, le corresponde al Emisor hacer todo lo que esté a su alcance para reactivar la demanda y el crecimiento económico.

Según cifras recientes del Dane, en el primer semestre del año la demanda final se redujo 1,6%, con una contracción de 5,5% en la inversión, de 0,3% en el consumo y de 1,6% en las exportaciones.

La reducción del consumo, que representa alrededor del 65% del PIB, es particularmente preocupante debido a las bajas posibilidades de recuperación que se perfilan en el corto plazo e incluso a mediano plazo. La tasa de desempleo es alta, 12,8%, y los sectores generadores de empleo están cayendo. El comercio se contrajo 3,5% en el primer semestre y la producción industrial se redujo 8,9%. Ante esta realidad y a la incertidumbre que sienten frente al futuro de la economía, los consumidores están nerviosos y han dejado de gastar.

La caída del consumo se ve reflejada también en el decrecimiento de la cartera de los bancos. Mientras hace solo tres años la cartera de consumo crecía a tasas del 50% anual, hoy está cayendo 2%. Esto, a pesar de la reducción de la tasa de interés en 600 puntos básicos, por parte del Banco de la República, en lo corrido de este año y de que las tasas para estos créditos hayan caído 74%, según afirma Asobancaria.

La pregunta que hay que hacerse es si la economía y el empleo pueden recuperarse a punta de política monetaria, o si es preciso ir más allá. Colombia tiene una de las tasas de desempleo más altas de Latinoamérica y es hora de que el país le haga frente a esta realidad.

No se trata de entregar subsidios o generar empleos porque sí, por cuenta del gasto público. Es indispensable revisar las estructuras que inhiben la creación de empleos, como son las contribuciones parafiscales o la inflexibilidad del contrato laboral. Esto es urgente, si se tiene en cuenta que solo una parte muy reducida de la población es parte del mercado laboral formal. Si el país quiere llevar a la gran masa de la población informal hacia la formalidad, deberá hacerle frente a estos problemas.

Es claro que el Gobierno no tiene los recursos para hacer política anticíclica, pero debería estar pensando en fórmulas para mejorar las condiciones de empleo de los colombianos. Sin empleo no hay consumo ni crecimiento. Esta será una prioridad para la economía colombiana en los próximos años.

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