| 7/23/2004 12:00:00 AM

La crudeza de las cifras sociales

Es difícil imaginar un futuro para Colombia, si no se actúa ya para reversar los niveles de pobreza e indigencia. Estamos en mora de hacer las reformas indispensables para lograr el crecimiento económico, única salida para la pobreza.

La publicación del informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre desarrollo humano en el mundo coincidió con el informe del Contralor Antonio Hernández acerca del desempeño de la política social en 2003. Ambos informes muestran cifras poco alentadoras para el país y envían serias señales de alerta respecto al altísimo costo de seguir posponiendo las reformas.

El IDH (Índice de Desarrollo Humano), elaborado por el PNUD, va más allá de un análisis basado en ingresos y mide aspectos como el acceso de la población a educación, a un buen nivel de vida y a la posibilidad de llevar una existencia larga y saludable.

Colombia se ubicó en el puesto 73 entre 177 países en la medición de este índice para el año 2002 y está en la categoría de países con un desarrollo humano medio. No obstante, en varios aspectos de importancia crítica no estamos en la franja media, sino entre los peores del mundo.

Un ejemplo es el valor del coeficiente Gini, que mide la desigualdad del ingreso y que en Colombia es de 57,6 (un valor de 0 es la igualdad perfecta, en tanto que uno de 100 es la desigualdad completa). Solamente 7 países de la muestra tienen una desigualdad mayor que Colombia. Entre ellos, 6 están en África. En América Latina, solo Brasil tiene una desigualdad mayor.

De otra parte, Colombia tiene el más grave problema de desplazamiento interno. Solamente en otros nueve países se registra desplazamiento de población y Colombia ostenta los mayores números, con 2'040.000 desplazados en este informe a 2003. El país que le sigue es Azerbaiyán, con 576.000.

En este contexto, y dado el bajo crecimiento de la economía, no es de extrañar que la pobreza (el porcentaje de la población que vive con menos de US$2 diarios) haya aumentado tanto en los últimos años. Según datos de la Contraloría, la pobreza en Colombia pasó de 52,8% en 1996 a 64,3% en 2003, mientras que la indigencia (el porcentaje de la población que vive con menos de US$1 diario) aumentó de 18,7% a 31,1%.

Es difícil imaginar un futuro diferente para la población que vive bajo la línea de pobreza, si no se actúa de inmediato y con firmeza. La decisión de hacerlo está en manos del Congreso y del gobierno. Hay que empezar por las reformas pensional y tributaria, pues los actuales esquemas son claramente inequitativos. El Congreso no puede seguir aprobando reformas de carácter fiscalista, cuyo único objetivo es conseguir plata para el año siguiente. No hacen nada para corregir los problemas de largo plazo y, por el contrario, los agravan.

La propuesta del presidente Uribe de gravar todos los bienes con el IVA del 4% es bienvenida y debe prosperar. No obstante, sería bueno examinar el costo-beneficio de una devolución de este gravamen para los más pobres, como se ha planteado, frente a la alternativa de utilizar los recursos recaudados en políticas sociales focalizadas.

De igual forma, es preciso reordenar el tema pensional. No es justo y no tiene sentido que un Estado pobre como el colombiano tenga que dedicar más recursos al pago de pensiones que a la educación y salud de su gente. Esta reforma es urgente. La población se está envejeciendo y el costo, si no se hace nada, será cada vez mayor.
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