| 4/29/2005 12:00:00 AM

La China del siglo XXI

China no deja de descrestar al mundo. Sus ciudades crecen y se modernizan a una velocidad jamás vista en Occidente. La clave del éxito es evidente: inversión y educación.

El desarrollo reciente de China deja grandes enseñanzas y también grandes cuestionamientos a los colombianos. En 1979, las autoridades de este país comunista decidieron moverse hacia una economía de mercado, como estrategia para mejorar las condiciones de vida de su gente. Desde entonces no han parado de trabajar para lograr este objetivo. Por medio de planes quinquenales han venido desarrollando regiones y ciudades, con miras a convertirse para 2050 en la primera economía del mundo. Hoy es la cuarta, medida por precios de paridad, y la séptima por tamaño.

Shangai se está convirtiendo en una de las ciudades más cosmopolitas y lujosas del mundo, comparable solo a Nueva York y París. No tendría nada de extraño si en pocos años supera en modernidad y liderazgo a esos dos símbolos del dominio occidental. Beijin, la capital y sede de los Juegos Olímpicos de 2008, pronto sorprenderá al mundo con su desarrollo, en un proyecto que ha sido milimétricamente planeado para estar listo en esta fecha.

China está haciendo todo esto con su propio modelo. Más allá de discusiones ideológicas sobre comunismo y capitalismo, el modelo chino está apuntalado en dos pilares: inversión extranjera y educación de la población a todo nivel. China entendió que para atraer capital extranjero había que permitirle obtener rentabilidades como en cualquier otro país. Estableció todo tipo de incentivos tributarios y desarrolló la infraestructura necesaria para que la inversión fuera rentable. Además, capacitó la mano de obra para garantizar la competitividad de las empresas que se instalaran en las zonas especiales que desarrolló para este fin. Gracias a esta política, China es hoy el mayor receptor de inversión extranjera.

Por cuenta de la gran afluencia de capital y el crecimiento acelerado de las exportaciones, las reservas internacionales superan los US$600.000 millones. China es hoy el mayor inversionista en bonos del Tesoro de Estados Unidos.

Aún le falta un buen camino por recorrer para lograr el objetivo que se fijó para 2050, y de ello están conscientes las autoridades. A pesar de la opulencia que se vive en algunas regiones del país, las libertades de la población son restringidas, hay poca transparencia, corrupción, reglas del juego confusas y, de acuerdo con organismos internacionales, violación de los derechos humanos.

Es aquí donde el modelo chino genera los mayores cuestionamientos. ¿Hasta qué punto se puede mantener a una sociedad reprimida, al mismo tiempo que se la expone cada vez más al mundo? ¿Qué tanto más se pueden seguir subsidiando y planificando todas las actividades, cuando al mismo tiempo se quiere ser parte de la economía global?

A pesar de estos serios cuestionamientos, lo logrado por China en los últimos años deja en claro que todo es posible cuando hay voluntad y disciplina. Esta es la verdadera lección para los colombianos.

Colombia tiene que fijarse como objetivo salir de la pobreza y mejorar las condiciones de su gente. Esto solo será posible si asumimos la tarea como un verdadero propósito de país, que trascienda gobiernos y coyunturas. Tenemos que educar a nuestra gente, en todas las clases sociales, para que pueda ser productiva y competitiva en un mundo donde el ritmo lo marcan países como China, que nos han tomado años de ventaja y además no paran de trabajar. No podemos seguir teniendo una actitud pasiva. Si no hay recursos, debemos tener una estrategia para hacer que lleguen. Necesitamos conseguir inversión, tal como lo hizo China. Solamente con inversión y educación, lograremos salir adelante.
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