| 6/25/2004 12:00:00 AM

La agenda olvidada

La semana del 14 de junio fue crucial para establecer con claridad la situación real de las finanzas públicas y lo que hay que hacer para impedir que se sigan deteriorando.

Las proyecciones fiscales, recientemente revisadas del gobierno para los años 2004 y 2005, muestran una situación en franco deterioro. A pesar del aumento de los impuestos de diciembre pasado, el déficit del gobierno central será de 5,6% del PIB en 2004 y de 6,6% del PIB en 2005, superiores en ambos casos al 5,4% del PIB obtenido en 2003.

La situación es insostenible, pues el descuadre tiene su origen en las transferencias que el gobierno deberá hacer de manera creciente al ISS para que esta entidad pueda cubrir las pensiones a su cargo. Hace ya muchos años que se está hablando del eventual agotamiento de las reservas del ISS y de la necesidad de llevar a cabo una serie de reformas estructurales para ajustar no solo las finanzas de esta entidad, sino también las del gobierno central. La noticia es que ya estamos en esta situación, pues las reservas se acaban en julio. El hueco anunciado ya está aquí y no se ha hecho nada para resolverlo.

De hecho, acaba de terminar la segunda legislatura del Congreso del año 2003-2004 y el balance de la agenda económica es pobre. Todos los temas que a comienzos de año eran considerados prioritarios, precisamente por su aporte al objetivo de garantizar la sostenibilidad fiscal (como la reforma tributaria estructural, la reforma tributaria territorial y la reforma pensional, que incluso fueron incluidos en el acuerdo político con los partidos), pasaron a un segundo plano y fueron pospuestos para la siguiente legislatura. Esto tampoco es nuevo, ya que ha venido pasando también desde hace varios años.

Lo preocupante es que el gobierno ya no tiene de dónde recortar gasto y el único rubro sobre el cual tiene algo de discrecionalidad, el de la inversión, ya está en un mínimo absurdo, de 0,9% del PIB, cuando en 1997 estaba en 2,7% del PIB. Por el lado de los ingresos tampoco hay mucho por hacer, pues es poco viable que el Congreso acepte imponer nuevos impuestos, más aún cuando debe concentrarse en sacar adelante el proyecto de reelección inmediata del Presidente, al cual aún le faltan cuatro debates.

Por todo esto, las reformas pendientes se hacen indispensables, en particular la pensional, pues un déficit de 6,6% del PIB, como el que se prevé para el gobierno central en 2005, es a todas luces inmanejable.

El gobierno ha tenido suerte en la obtención de recursos de financiamiento tanto en el mercado interno como en el externo, y con las multilaterales. De hecho, el financiamiento para este año está prácticamente asegurado con las multilaterales y con mayores colocaciones de TES en el mercado interno. Para el año entrante, el gobierno tiene prevista una colocación de bonos en el exterior por US$1.500 millones, una colocación interna de TES por $17,2 billones y un crédito con las multilaterales por US$2.000 millones. Qué tan exitosa resulte esta estrategia dependerá de las condiciones de los mercados.

Pero incluso si los mercados le permiten al gobierno tomar deuda en los niveles que está buscando, esta política de endeudamiento no es viable. Al desequilibrio del gobierno central hay que ponerle freno. Esto solo se logra con una reforma pensional radical y el establecimiento de metas fiscales específicas para el gobierno central, las cuales deberían formar parte de la ley de responsabilidad fiscal que está en trámite en el Congreso. Hay que revivir la agenda olvidada.
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EDICIÓN 531

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