| 6/22/2017 12:01:00 AM

Pie al acelerador de la innovación en Colombia

En el primer gobierno del presidente Santos, la innovación fue catalogada como una de las locomotoras de crecimiento. Sin embargo, no tuvo doliente y los resultados aún no se concretan en los indicadores internacionales.

A mediados de junio se conoció el resultado del Índice Global de Innovación (GII) que analiza a 127 países. Colombia cayó dos puestos, al pasar del lugar 63 al 65 y quedó en el quinto lugar de América Latina, superado por Chile, Costa Rica, México y Panamá.

Colombia no ha logrado superar las brechas en materia de innovación y otros estudios también han evidenciado las debilidades del país en este campo: en el Informe de Competitividad del Foro Económico Mundial, nuestro país ocupa el puesto 79 en innovación, entre 138 países; la inversión en innovación es de 0,7% del PIB y apenas 35% viene del sector privado. El Reporte Mundial de Ciencia publicado por la Unesco muestra que, mientras el país tiene un poco más de 192 investigadores por millón de habitantes, en Argentina hay 1.154, en Brasil 692 y en México 384.

La más reciente Encuesta de Desarrollo e Innovación Tecnológica (Edit) del Dane señala que apenas 27% de las empresas del país destinan recursos para innovación. Esto indicaría que algo más de 70% todavía no ve en la innovación el camino para su crecimiento y sostenibilidad.

Aunque Colombia ha venido incorporando en su agenda competitiva las Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación, el impacto de ellas aún es limitado en el desarrollo del país. Falta camino por recorrer para capitalizar la economía del conocimiento y consolidar una oferta productiva de bienes y servicios cada vez más sofisticados.

La Andi y Revista Dinero decidieron este año realizar la Primera Gran Encuesta Empresarial de Innovación en Colombia, no solo para conocer el desarrollo de este campo en el país, sino también para motivar y buscar referentes que permitan que cada vez más empresas asuman este reto y conviertan la innovación en su columna vertebral.

El estudio se adelantó sobre tres variables: las condiciones necesarias para que la innovación se adopte como cultura organizacional; las capacidades para que suceda de manera recurrente y sistemática al interior de la empresa, y los resultados en términos de producción de conocimiento y ventas como consecuencia de los dos primeros.

Según Juan Camilo Quintero, gerente nacional de innovación y emprendimiento de la Andi, este primer estudio permite sacar algunas conclusiones: la gran mayoría de las empresas colombianas está trabajando en cultura de la innovación, pero todavía no ha logrado dar el salto a innovaciones disruptivas y ganadoras. Por ello, es el momento de atrevernos más, en especial cuando la dinámica global no da espera y los competidores buscan nuevas diferenciaciones.

Otra conclusión es que el sector empresarial debe perder el miedo a equivocarse y entender esos procesos como un aprendizaje en el desarrollo de los negocios. “El reto es equivocarse barato y corregir rápido”, dice Quintero.

Si bien el Estado ha aumentado sus apuestas en materia de recursos, gran parte financiadas con las regalías, allí hay dos temas que deben destacarse: uno, la necesidad de profundizar en desarrollos realmente innovadores para las regiones y que les generen valor –no más piscinas de olas y velódromos sin terminar y elefantes blancos– y, por el contrario, propender para que las regiones tengan ecosistemas sólidos y dinámicos de innovación y emprendimiento. Y, segundo, que las empresas no pueden ir a la velocidad del Estado: deben ver la financiación privada en la innovación como una forma para ser más competitivas y crecer, y no deben depender solo de las convocatorias públicas del Gobierno de turno.

Además, las tecnologías digitales son una gran oportunidad para mejorar la productividad y desarrollar innovaciones en el marco de la 4a Revolución Industrial. Por ello, la conversación entre empresas y startups se hace cada vez más relevante para innovar con mayor velocidad e incorporar nuevas tecnologías.

Aunque varias empresas y conglomerados han venido haciendo la tarea de incorporar la innovación como estrategia central de sus planes –cuentan con estructura, tienen claro su norte, fijan indicadores concretos y asignan presupuestos para alcanzar sus objetivos–, falta una mayor masa crítica de compañías que se sumen a este proceso.

Todavía muchas empresas están más preocupadas por el hoy y no son conscientes de la competitividad del mañana y de la necesidad de construirla. Según el Atlas de Complejidad, de Ricardo Haussman y Eduardo Lora, menos del 1% de las exportaciones de Colombia son sofisticadas, lo que deja en evidencia la falta de innovación del aparato productivo.

La tarea es ponerle el pie al acelerador en materia de innovación para el país. Desde el Gobierno se debe desarrollar una política que coordine y enfoque los recursos públicos, articulando las diferentes entidades de apoyo y, sobre todo, alineándolas con un norte específico. En el primer gobierno del presidente Santos, la innovación fue catalogada como una de las locomotoras de crecimiento. Sin embargo, no tuvo doliente y los resultados aún no se concretan en los indicadores internacionales.

Pero tal vez el mayor trabajo es para las empresas, las cuales deben entender que para lograr la sostenibilidad y el crecimiento dependen de la innovación y que, si ellas no lo hacen, la competencia y el mercado se encargarán de recordárselo.

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