| 4/13/2007 12:00:00 AM

Inflación, un debate necesario

Por mandato constitucional, el Banco de la República debe velar por la estabilidad de los precios. El éxito en la lucha contra la inflación es el mayor aporte al bienestar de los colombianos, especialmente al de los más pobres.

Como suele ocurrir con las discusiones importantes en Colombia, la de la inflación también llega tarde. Los datos de inflación de los tres primeros meses de 2007, que son malos y ponen en duda el logro de la meta de inflación, parecen haber cogido a todos por sorpresa.

Hoy se buscan teorías para explicar lo que está pasando. Se dice que el brote inflacionario obedece a la intervención masiva del Banco de la República en el mercado cambiario para contrarrestar la revaluación del peso, o que el fenómeno del Niño fue muy superior al esperado, o que hay un choque de oferta por el lado de los alimentos que va más allá de lo que puede explicar el clima. Todas estas explicaciones relacionan el brote inflacionario con eventos impredecibles.

Sin embargo, el aumento de la inflación estaba cantado. El informe sobre inflación de diciembre de 2005, publicado por el Banco de la República (ver Dinero, edición 247, pág. 24) mostraba cómo en ese momento eran evidentes los problemas de inflación que se presentarían en 2007. En la página 66, el informe afirma textualmente: "para 2007, un buen desempeño de la inflación es menos probable, incluso si se realiza una política monetaria activa. Para este año, la probabilidad de que la inflación se ubique por encima de 4,5% es alta (59,6%). Este sesgo en la incertidumbre es problemático, si se tiene en cuenta la tendencia decreciente que debería tomar la inflación para cumplir las metas de largo plazo".

Argumentaba el informe que la economía colombiana estaba llegando al límite de su capacidad productiva y que, sin un aumento significativo de la inversión y la productividad, las presiones inflacionarias se empezarían a sentir sobre los precios. Catorce de los 22 indicadores que maneja el Banco para estimar la capacidad productiva de la economía estaban en esa fecha por encima de su promedio histórico, como lo estaban también los que calculan Fedesarrollo y la Andi.

La pregunta relevante ahora no es cuál fue el evento coyuntural que disparó el brote inflacionario. La pregunta es por qué, si era evidente desde hace más de un año que sería difícil controlar la inflación a partir de 2007, a pesar de que el Banco realizara una política monetaria activa, no se tomaron las medidas necesarias para evitar que sucediera precisamente lo que se temía.

Varias preguntas vienen a la mente. ¿La decisión del Banco de subir los intereses en abril del año pasado, y luego en ocho ocasiones más, fue un esfuerzo suficiente y a tiempo? Si el manejo monetario y de tasas de interés ha sido adecuado, ¿cuál es el factor crítico, diferente a los elementos coyunturales, que está afectando el comportamiento de los precios en el largo plazo? Si el problema es de productividad, ¿por qué no está el país entero dedicado a resolverlo, en vista de que está poniendo en riesgo todos los logros de los últimos años? No hay que olvidar que, si se pierde el terreno ganado contra la inflación, los más perjudicados serán los más pobres, pues este es el impuesto más regresivo de todos.

José Darío Uribe, gerente del Banco de la República, ha sido enfático en afirmar que, bajo ninguna circunstancia, la Junta modificará la meta de inflación, establecida para el año entre 3,5% y 4,5%. Esto es obvio y, por supuesto, es lo único que podría esperarse de un banquero central serio y responsable como es el doctor Uribe.

No obstante, el que no se modifique la meta no significa que se vaya a lograr. La evidencia apunta hacia allí: el dato de inflación de los tres primeros meses del año es de 3,18%, un 70% del límite superior de la meta; la inflación de los últimos doce meses es de 5,78%, muy por encima de la meta; y no solo la inflación de alimentos está disparada (8,9% en los últimos doce meses), sino también la de no transables.

Si la inflación sigue en aumento, muy probablemente el Banco tendrá que seguir subiendo los intereses para afectar la demanda agregada. Hasta dónde aumentarán los intereses, nadie lo sabe, esencialmente porque no se conoce el rezago exacto con que actúa la política monetaria. El dilema, como siempre, está en que subir las tasas demasiado podría enfriar la economía, mientras que subirlas muy poco estimularía la inflación.

El mejor escenario para los colombianos en este momento sería que la inflación terminara el año muy cerca del límite superior de la meta, o acaso un poco por encima. Pero eso sería solamente un alivio para pasar el año. El fantasma de la inflación ha vuelto y la forma de atacarla estará en el centro de la discusión para que ésta no se convierta en un problema permanente.
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