¡Hacia el buen gobierno!

| 8/4/2000 12:00:00 AM

¡Hacia el buen gobierno!

El nuevo equipo económico tiene la tarea de superar la incapacidad de decidir que ha empantanado la recuperación de la economía. Para salir adelante, las nuevas autoridades tienen que recuperar la capacidad de decidir y de tomar las mejores decisiones. En medio de cambios de fondo sobre el modelo económico y social, el país clama por poner todo su empeño en hacer crecer el ingreso y la riqueza de todos los colombianos. El país tiene que crecer. Para crecer hay que recuperar la confianza de los inversionistas. Y para recuperarla hay que dar prueba fehaciente de disciplina fiscal. Pero también hay que pensar más en grande.

El ministro Santos ha comenzado por buen camino. En sus primeras declaraciones y acercamientos, se ve como un hombre de gran capacidad de acertar. Está bien poner el norte en la búsqueda de la responsabilidad fiscal y de la prosperidad social. Está muy bien haber enfatizado la recuperación de la responsabilidad política por las buenas decisiones. Mucho mejor haber advertido que, si no se emprenden desde ya las reformas, al próximo gobierno le estallará la economía en sus manos.



Mejor aún es anunciar, para salir de la difícil situación, la necesidad de sacrificio y esfuerzo, de sudor y lágrimas. Cuando la credibilidad del país en los mercados financieros internacionales está en su nivel más bajo de los últimos 50 años, es reconfortante que sus primeros anuncios vayan al ajuste fiscal. En el Foro de Anif-Fedesarrollo anunció las prioridades iniciales. En primer lugar, llevar a buen término las iniciativas en camino: 1 y 2. las leyes de racionalización de las finanzas territoriales y de juegos de suerte; 3. el presupuesto ajustado para el 2001; 4. las reformas pensional y de transferencias. En segundo lugar, emprender tres nuevas iniciativas: 5. una reforma de los incentivos de los sistemas de salud y educación; 6. una ley de responsabilidad fiscal para imponer disciplina y transparencia y 7. replantear la reforma tributaria para incentivar, crecer, emplear e invertir. Son un excelente punto de partida para un ministro en sus primeros pasos.



En las próximas semanas, cuando se entere mejor del chicharrón que ha recibido, el nuevo Ministro ampliará sus ambiciones. Un presupuesto con un gasto de $57 billones y que crece al 15% no es una herencia defensable, así elimine unas pocas entidades y cargos públicos. Es tan inviable e indeseable como todo el programa de financiamiento previsto para el año entrante. Para tomar el toro por los cachos es necesaria una reforma mucho más a fondo de la estructura del Estado, de la estructura tributaria y del manejo de la deuda. En estos tres campos, sabemos que el nuevo Ministro pronto sorprenderá con nuevas iniciativas.



Pero después de los últimos dos años, ya es tiempo que el minhacienda mire más allá de la esfera de las finanzas estatales. El ajuste fiscal tiene que ser consistente con la expansión de la economía. Y para ello la clave es acompañar el menor tamaño del gasto público fiscal sin disculpas ni demoras con la promoción e impulso sin remordimiento de la economía empresarial, con iniciativas coherentes para superar las crisis financiera, de empleo y de inversión privada que podrían hacer que la economía estalle antes del próximo gobierno.



Como el Ministro Santos ha tenido arrojo para anunciar sudor y lágrimas en sus primeros pasos, el país todo debe acompañarlo y aprovechar la crisis para pensar y actuar en grande. Con las debidas prioridades y la construcción de una mejor capacidad de llevarlas adelante, el país puede lograr el buen gobierno.
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