| 10/15/2010 12:00:00 AM

Guerra de monedas

Mientras Estados Unidos y China se recriminan mutuamente por el impacto negativo de sus políticas monetaria y cambiaria sobre el resto del mundo, los países emergentes luchan, sin éxito, contra la revaluación. Colombia no es la excepción.

El conflicto entre las potencias del mundo en relación con los niveles de sus tasas de cambio es hoy el tema dominante en la discusión económica global. La “guerra de monedas” fue el corazón del debate en las recientes reuniones del FMI y continuará en el centro de la atención durante los próximos meses. El dólar se devalúa globalmente, Estados Unidos pide a China que permita una mayor apreciación del renmimbi, China se niega y los demás países del mundo responden como pueden; es decir, imponiendo controles de capitales y ajustándose a niveles más altos de sus tasas de cambio, con muy poco éxito.

No es mucho lo que los demás países del mundo pueden hacer ante este conflicto. Ellos están ensayando múltiples estrategias, –intervención en el mercado cambiario, controles de capital, impuestos a las transacciones de corto plazo en moneda extranjera–, solo para descubrir que nada sirve frente a la inundación de recursos que hay en el mundo.

Los capitales fluyen globalmente en este momento, sin límite, en busca de altos rendimientos. Con el ánimo de reanimar su economía, Estados Unidos mantiene tasas de interés históricamente bajas. Los dólares salen de su economía y en una gran proporción se dirigen hacia los países emergentes de alto crecimiento, causando la apreciación de sus monedas y complicando la tarea de los banqueros centrales. Según Goldman Sachs, Asia, que recibe 78,6% del total de flujos de capital ditigido a economías emergentes, y América Latina (20,9%), son las regiones más afectadas.

El problema de fondo está en Estados Unidos. La economía no arranca. La perspectiva es de bajo crecimiento, inferior al potencial, con alto desempleo y baja inflación. Ningún gobierno de Estados Unidos podría soportar este cuadro sin reaccionar.

Buena parte de la debilidad de la economía de Estados Unidos está en la baja capacidad de consumo de los hogares. La riqueza de los hogares ha disminuido y el desempleo es alto –16,7% si se incluye a las personas que están buscando empleo de tiempo completo y solo lo encuentran de tiempo parcial–. Además, los bancos siguen sin prestar.

El espacio que tiene Estados Unidos para moverse es extraordinariamente limitado. Las tasas de interés están prácticamente en cero y el déficit fiscal previsto para 2011 y 2012 es de 10% del PIB. Se estima que la deuda del gobierno será equivalente al 110% del PIB hacia el año 2015. La Reserva Federal ha anunciado que volverá a comprar bonos del gobierno, así como papeles respaldados por hipotecas.

Como respuesta, el gobierno de Estados Unidos se ha propuesto consolidar dos ajustes. En el frente interno, espera que las bajas tasas de interés estimulen el consumo, reactiven las ventas de vivienda, reduzcan la carga de la deuda y soporten una apreciación de los activos reales. Si esto implica un leve resurgimiento de la inflación, contribuiría a las valoraciones de activos y a reducir la carga de la deuda.

En el frente externo, esta política se concreta en una inundación de dólares hacia el resto del mundo, la cual deberá reflejarse en un ajuste general de monedas, con un dólar más bajo en el largo plazo. Es por esto que Estados Unidos insiste en la revaluación de la moneda China. Si ello sucediera, el costo relativo de las exportaciones de Estados Unidos se reduciría y aumentaría su demanda, lo que redundaría en un mayor crecimiento en ese país y estimularía el empleo.

Por otra parte, la perspectiva de los enormes requerimientos de capital del gobierno norteamericano hace temer a los mercados frente a la situación fiscal de Estados Unidos y podría hacer subir los intereses en el resto del mundo, en la medida en que la tasa de los bonos del Tesoro a diez años es la referencia para el resto de activos. Otro factor que estimula el flujo de dólares hacia el resto del mundo y favorece la devaluación del dólar.

El columnista del Financial Times, Martin Wolf, sintetizó la situación de la siguiente manera: “Para decirlo crudamente, Estados Unidos quiere inflar al resto del mundo, y el resto del mundo quiere desinflar a Estados Unidos. Estados Unidos tiene que ganar, pues cuenta con munición infinita: no hay límite para los dólares que la Reserva Federal puede crear. Lo que hace falta discutir son los términos de la rendición: los cambios necesarios en los niveles de tasas de cambio y en las políticas domésticas alrededor del mundo”.

La revaluación del peso colombiano es una realidad de largo plazo, impuesta por la evolución de la economía mundial. Hace parte de la ‘nueva normalidad’ tras la crisis financiera internacional. No puede ser detenida con las medidas tradicionales ni con los limitados recursos a disposición del gobierno y las autoridades monetarias colombianas. Los subsidios a los exportadores y los controles a los capitales serían paliativos de altísimo costo, que no tienen la más mínima probabilidad de alterar los fundamentales de la tasa de cambio. Colombia tiene que ajustar su economía para vivir con un dólar barato durante largo tiempo. La transformación de la base productiva hacia una mayor competitividad y el incremento rápido de la productividad en bienes y servicios son hoy más urgentes que nunca.

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