| 5/7/1999 12:00:00 AM

Generar valor

De tanto mirar para atrás, el país, como en el famoso pasaje de la Biblia, puede quedar convertido en una estatua de sal. ¿Que el PIB, las utilidades, el empleo, la confianza de los negocios y la popularidad del gobierno han caído como nunca? Más que noticia, se ha convertido en lloriqueo depresivo. ¿Que este gobierno, el anterior, el de más atrás o todos los anteriores son los culpables? Para qué desgastar más la imaginación en un moralismo inconducente. La situación es suficientemente seria como para cambiar de actitud.



El país tiene que tomar nuevo impulso. Las autoridades económicas no pueden perder otros nueve meses con tímidas propuestas de cambio. Para librarnos de una depresión -una amenaza que está frente a nosotros-, hay que acelerar los procesos de ajuste financiero, fiscal, cambiario, laboral y social. Claro que es bueno que caigan los intereses y mucho más aún. Las decisiones de Fogafin facilitarán los procesos de capitalización y movilizacion de activos para sacar adelante al sector financiero, aunque todavía faltan líneas que apoyen la reestructuración de deudas y decisiones para agilizar la eutanasia de entidades no viables. Por otra parte, sin emprender las reformas estructurales de ingresos y gastos públicos -algo que ya claramente se puede denominar el fracaso fiscal del 99-, no habrá saneamiento macroeconómico. Sin acelerar el ajuste cambiario, el país no verá muchas exportaciones ni atraerá nuevos capitales estables. Sin flexibilización laboral, no habrá mucho empleo. Y sin una política activa de protección social, la situación puede ser socialmente insostenible. Pasado el desgaste del Plan de Desarrollo, el Gobierno tiene que utilizar todas las energías del Congreso para agilizar las decisiones difíciles. El capital político de un gobierno legítimo no puede seguir sacrificándose en el manejo de la economía.



Por su parte, los empresarios tienen una cuota mayor en generar el nuevo impulso. Es hora de sobrepasar tres fantasías: que todo el problema es macroeconómico, que la solución de los problemas empresariales es del gobierno y que la solución está cerca, en el segundo semestre. El informe central de esta edición ilustra cómo gran parte de las empresas del país también amenazan su capital, al destruir valor. Mientras esto persista, no habrá recursos de crédito ni reestructuraciones financieras ni despidos de personal que valgan: sin hacer rendir los recursos por encima de su costo de oportunidad, no hay ajuste macro que valga. El nuevo ajuste micro es la creación. Afortunadamente, una tercera parte de nuestras grandes empresas han progresado bastante en la creación de valor. Y esta creación ha conducido, a pesar de las dificultades macro, a mejores resultados financieros y a un empleo más estable. El país y el conjunto empresarial tienen que volcar la atención hacia nuestros empresarios con verdadera visión de futuro y capacidad de sacrificio.



La tarea de construir valor no es fácil ni dará réditos en el corto plazo ni para el Gobierno ni para las empresas. Más que mirar atrás y echar culpas, hay que mirar adelante y trabajar muy duro. En este cambio de actitud y en un nuevo esfuerzo por crear valor en las empresas y en el gobierno, es en el que se puede cimentar un optimismo a prueba de fantasías.
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EDICIÓN 531

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