| 3/30/2007 12:00:00 AM

GATES, PRAHALAD, KÜNG

Inclusión social mediante la reducción de la brecha digital, participación de los más pobres en el mercado y una ética mundial que trascienda lo político y lo económico, son las enseñanzas que dejaron Gates, Prahalad y Küng.

Sería difícil para un país encontrar una coincidencia más afortunada que la vivida por Colombia hace pocos días, con las visitas de Bill Gates, fundador y CEO de Microsoft; C.K. Prahalad, profesor de la Universidad de Michigan y autor de La Oportunidad de Negocios en la Base de la Pirámide y Hans Küng, filósofo y teólogo suizo.

La riqueza de sus enseñanzas hace que estas visitas, además de constituir por sí mismas eventos de gran relevancia, se conviertan en una guía para avanzar en la consolidación de un mejor país.

Bill Gates, una de las pocas personas que entiende el verdadero poder del mundo digital -precisamente por estar inmerso en él-, está convencido de la importancia de cerrar la brecha digital en el planeta. Para él, esta es la única forma de garantizar el acceso de toda la población a la educación y el conocimiento. No basta con el simple acceso a computadores, sino que es preciso avanzar hacia una mayor conectividad.

La educación es indispensable para participar en la revolución digital, pero no se trata simplemente de saber manejar computadores. Lo importante es participar en la nueva sociedad de la oportunidad que las tecnologías digitales ponen a disposición de la humanidad. Las empresas que utilizan la tecnología como herramienta son más productivas y los gobiernos se hacen más transparentes y ágiles. No es tan sólo un tema de tecnología, sino de la calidad de la democracia y la calidad de vida de un país.

C.K. Prahalad, por su parte, ve una gran oportunidad de negocio para las empresas que operan en la base de la pirámide. Cuando las empresas entienden que los pobres son personas dignas y las incluyen en sus planes como una nueva categoría de consumidores activos, demandantes y diferentes, pueden lograr grandes beneficios y nuevas fronteras de crecimiento.

Según lo ha podido constatar Prahalad, el trabajo con las comunidades más pobres en la creación mutua de productos tiene el potencial para cambiar los negocios. La interacción con estos consumidores reduce el riesgo, el costo de distribución y la inversión, pues al contar con su participación se logra un mayor impacto a partir de la misma inversión.

Prahalad recomienda a los empresarios que trabajen con la base de la pirámide por simple vocación. Ahora bien, si esto no les gusta, les pide que lo hagan por egoísmo. "No es responsabilidad social empresarial, es un buen negocio", afirma.

Por último, Hans Küng habla de una ética mundial, común a todos los pueblos y religiones.

Küng insiste en que la economía no tiene una autonomía total y que ella debe respetar el derecho y la ética. Para Küng, el valor central de la ética es la persona humana. Es por tanto inmoral cualquier operación económica que no respete la dignidad de la persona o de grupos de personas. Si el nivel de la ley no es suficiente, se requiere el nivel de la ética, de la conciencia y del corazón, para no ir en contra del bien común.

En un primer momento, podría parecer que nuestros visitantes no tuvieran nada en común, por las diferencias tan extremas de sus profesiones. Sin embargo, esto no es así. Partiendo de perspectivas muy diferentes, estos tres líderes de nuestro tiempo han focalizado sus esfuerzos, en plena madurez de sus carreras, en persuadir a sus audiencias sobre la necesidad de lograr una mayor inclusión social para el desarrollo de las sociedades.

En un país como Colombia, donde la desigualdad de ingresos es una de las más altas del mundo, las enseñanzas que nos dejan no deben, ni pueden, ser tomadas a la ligera.
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