| 9/14/2007 12:00:00 AM

Fundamentales que no mienten.

La Junta del Banco de la República no solo debería preocuparse por la inflación, sino también por la cuenta corriente. Su comportamiento le resta atractivo a las inversiones en Colombia.

El dato de inflación de -0,13% en el mes agosto fue, sin duda, una gran noticia para la Junta del Banco de la República. Algunos de sus miembros interpretaron el hecho como la confirmación de que habían estado en lo correcto unos días antes, cuando decidieron mantener inalteradas las tasas de intervención del Banco en 9,25%, argumentando que las medidas monetarias adoptadas hasta el momento habían sido efectivas.

No obstante, el hecho de que se haya dado esta pausa no significa que no habrá nuevas alzas en el futuro. Es muy posible que antes de finalizar el año se produzca un nuevo incremento de estas tasas.

Según consta en las Minutas de la reunión de la Junta, del 24 de agosto, todos los factores que hasta el momento han explicado el alto crecimiento de la economía siguen vigentes. La demanda interna sigue disparada, el crédito sigue creciendo a altas tasas anuales y los términos de intercambio siguen siendo favorables.

Adicionalmente, no hay que olvidar que, a pesar de los buenos resultados del mes de agosto, la inflación anual sigue estando siete puntos básicos por encima del techo del rango meta, con una muy alta posibilidad de que se mantenga en este nivel, o incluso un poco más arriba en lo que resta del año.

Sin embargo, la inflación no debería ser la única fuente de preocupaciones para la Junta del Emisor. Como lo mencionamos en el editorial de nuestra edición anterior, Colombia ha sido uno de los países más castigados en la revaloración del riesgo que vienen haciendo los mercados internacionales desde junio, como consecuencia de la crisis de la deuda hipotecaria subprime. La crisis no ha afectado a todos los países latinoamericanos por igual y los colombianos tenemos que considerar seriamente las razones por las cuales esto está ocurriendo.

El tratamiento diferencial para Colombia, en esta coyuntura, es evidente en el monto de la devaluación del peso en las semanas recientes, el aumento de los spreads y el comportamiento de los TES. Los mercados ven que nuestra economía es particularmente vulnerable a la turbulencia, debido al comportamiento que muestran sus cuentas externas.

De hecho, JP Morgan hace mención de este tema en un informe del 10 de septiembre sobre las perspectivas de los mercados emergentes y las estrategias a seguir.

Según indica el informe, Colombia es uno de los pocos países latinoamericanos que tiene déficit en la cuenta corriente; el cual, además, se espera que sea creciente. El déficit estimado es de 3,5% del PIB para el año 2007 y de 4,2% para 2008.

La dinámica de las importaciones continúa deteriorando la balanza comercial, la cual se estima en 2% del PIB al finalizar este año y en 2,5% del PIB en el entrante. La tendencia hacia el deterioro de esta cuenta, incluso podría empeorar, si la revaloración del riesgo que están haciendo los mercados se extiende hacia la de materias primas y se pierde lo ganado hasta ahora en términos de intercambio.

El punto quizás más significativo del informe, y el que verdaderamente debe prender las alarmas, es el de la recomendación de reducir la exposición en papeles colombianos a favor de papeles de países emergentes que, como Brasil, presentan mejores fundamentales.

Es totalmente cierto que la apreciación del tipo de cambio tenía y, aún tiene, asfixiada una parte del sector productivo del país. En este sentido, los puntos ganados en materia de devaluación son bienvenidos.

Sin embargo, esto no puede alejarnos de una realidad que nos está empezando a afectar y que terminará por golpearnos fuertemente si no se le pone freno. Cuando los informes internacionales dirigidos a inversionistas empiezan a diferenciar y a recomendar unos países por encima de otros, la situación podría estar acercándose a un punto de inflexión. Es hora de ponerle atención al asunto.

A nivel interno, los mercados están cada vez más reacios a invertir en TES, debido a su desvalorización. Si a esto se suma la pérdida de apetito por parte de los inversionistas extranjeros, ¿quién va a proveer los recursos necesarios para financiar el déficit del gobierno?

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