| 5/18/1998 12:00:00 AM

¿Está asegurado el futuro empresarial?

Ninguno de los candidatos presidenciales menciona a la empresa privada dentro de sus programas. La atención se ha concentrado en la solución de los problemas públicos que más preocupan a la población: la violencia, la injusticia, la corrupción, la politiquería, los altos impuestos, la crisis agrícola, la mala educación y el aislamiento internacional del país. En Colombia ­polarizada y confundida por sus problemas­ se ha generalizado la idea simplista de que el sufrimiento de la población es consecuencia del enriquecimiento exagerado de los grandes empresarios y que, frente a esto, cobran legitimidad la guerrilla y la delincuencia. La conclusión es no hablar de los empresarios.



Las cifras de Dinero cuestionan esta peligrosa tendencia. Los grandes conglomerados han resultado menos grandes de lo que ellos mismos y el país pensaban. Y las empresas privadas, removiendo la deformación de los balances por la inflación y la presión tributaria, son menos rentables de lo que se creía.



Según nuestro informe central, las 260 empresas más grandes obtuvieron ganancias contables, pero no generaron valor en los últimos años. Las utilidades son menos de la mitad de lo requerido para ello y en consecuencia terminaron destruyendo valor por más de US$4.000 millones. Casi ningún grupo empresarial se salva. El capital está siendo utilizado ineficientemente y las empresas se encuentran en una pésima situación.



Todo el país ha terminado pagando los últimos cuatro años de incertidumbre. En el futuro, las empresas no pueden seguir como las vacas lecheras a las que ordeñan el Estado y la delincuencia. Se debe abandonar la falsa idea de que lo que es bueno para las empresas y los grupos económicos es malo para el país. Sin la inversión y espíritu empresarial de los 645.891 industriales colombianos, no saldremos adelante.



¿Se generalizó el temor populista de convocar a los empresarios? ¿Olvidaron los candidatos que la empresa privada genera más del 80% de la actividad económica y más del 90% del empleo? ¿Y que el resurgir empresarial requiere más que vagas manifestaciones sobre reglas de juego o variaciones marginales, sobre la protección o la apertura? ¿O será que los empresarios olvidaron que su accionar aislado genera apenas ilusiones de éxito individual y no colectivo?



El futuro empresarial, que en Colombia se juega todos los días, necesita hoy mucha más iniciativa y reflexión crítica de la clase empresarial y de nuestros líderes políticos.
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