Esfuerzo compartido

| 8/23/2002 12:00:00 AM

Esfuerzo compartido

La declaratoria del Estado de Conmoción Interior, la primera de las múltiples medidas que emitirá el gobierno de Alvaro Uribe para hacerle frente a la difícil situación del país, fue bien recibida tanto internamente como en el exterior. Para todos era clara la urgencia de la misma, así como la necesidad de encontrar mecanismos rápidos para incrementar el gasto militar y llevarlo a los niveles que se requieren para lograr el control del orden público.



De esta manera, a pesar del esfuerzo que implica tanto para empresas como para personas naturales el pago del impuesto sobre el patrimonio líquido, este no generó rechazo. Por el contrario, los colombianos mostraron buena disposición frente al mismo, a cambio, por supuesto, de que el gobierno muestre resultados positivos.



La actitud positiva con que se recibieron las primeras medidas del nuevo gobierno son muestra del apoyo que el electorado le está brindando al presidente Uribe para que lleve a cabo el compromiso que adquirió durante su campaña, de hacer de Colombia un mejor país para todos los colombianos. Es un buen comienzo, en un momento muy complicado, que el gobierno debe manejar con mucho tacto para no romper el encanto de estas primeras semanas.



Independientemente del apoyo, que sin duda es bienvenido, el monto de $2 billones que el gobierno tiene previsto recaudar por medio del impuesto al patrimonio es enorme (50% del total que se recoge por IVA en todo un año) y tendrá un impacto negativo sobre el crecimiento económico de los siguientes 12 meses. El impacto será incluso mayor y más largo, si se tiene en cuenta que este esfuerzo es tan solo parte del ajuste que sigue y que se pondrá en marcha con la reforma tributaria que el gobierno presentará al Congreso próximamente.



Bajo estas condiciones, y para evitar que los colombianos queden asfixiados por cuenta de un exceso de impuestos que difícilmente podrían pagar, el gobierno no solo tendrá que reducir gasto en forma drástica, sino que tendrá que mejorar la eficiencia en la ejecución del mismo. Además, deberá empezar a pensar desde ya en alternativas diferentes a los impuestos para financiarse, pues la capacidad del sector privado para tributar en una economía que apenas crece es limitada.



Es clave, por ejemplo, revisar la legislación existente sobre inversión extranjera y hacer todos los correctivos necesarios para procurar que esta llegue al país. En particular, hay que trabajar sobre las condiciones para la exploración de petróleo, no solo porque Colombia dejará de ser autosuficiente a partir del año 2004, sino porque los ingresos que esta actividad le genera al fisco están en franco deterioro.



Mientras que en el 2001 Ecopetrol transfirió a la Nación ingresos superiores a los $1,7 billones entre impuestos y dividendos, este año esos recursos apenas llegarán a los $1,3 billones. De seguir así, las perspectivas son poco alentadoras.



Pero quizás lo más importante, en aras de una mayor justicia, es preciso ampliar la base de contribuyentes. Si las tasas de tributación en Colombia son bajas con respecto a otros países, no es por cuenta de los que pagan impuestos, sino por los que no los pagan. No es justo que la carga tributaria recaiga siempre sobre los mismos, sobre los que se tiene la información, cuando se sabe que una buena parte de la economía opera de manera informal e ilegal.



Si el gobierno logra mostrar resultados y además trabaja para mejorar la eficiencia, reducir los gastos y generar nuevas fuentes de recursos, seguramente contará con el apoyo irrestricto de todos. El esfuerzo es de parte y parte.
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