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Escándalos vaticanos

| 7/10/2013 6:00:00 PM

Escándalos vaticanos

Los escándalos del Vaticano parecen no tener fin. El papa Francisco se ha comprometido a limpiar el Banco Vaticano, pero se enfrenta a una oscura y arraigada estructura de poder. ¿Podrá lograrlo?

por Editorial

No hay derecho con el Vaticano. La Iglesia Católica se toma la atribución de prohibir el divorcio a mujeres casadas con hombres abusadores y también de hacerles la vida imposible a niños cuyos padres son parejas del mismo sexo. Al mismo tiempo, sin embargo, el propio Vaticano parece ser una fuente inagotable de escándalos. Las noticias revelan que desde los corredores de la Santa Sede se organiza una red de prostitución homosexual y que sus clérigos lavan millones de dólares de la mafia italiana a través de cuentas en Suiza.

Los fieles tratan de hacer caso omiso de una historia de abuso de poder que es tan vieja como la propia Iglesia Católica y se origina en su impenetrable estructura. La organización más grande del mundo tiene centrada su autoridad jerárquica en el Papa, pero cada obispo tiene a su cargo una diócesis que funciona en la práctica como un principado. Es una complicada arquitectura que no responde a poderes terrenales y hace imposible seguirle el rastro a todo cuanto ocurre allí.

Para empezar, nadie sabe a ciencia cierta cuánto gasta la Iglesia Católica a nivel mundial. Según una investigación de The Economist, las erogaciones globales de la iglesia ascienden a más de US$170.000 millones al año, una cifra astronómica que se engrosa con los diezmos de los feligreses en todas partes del mundo. Según estimativos, 60% de los fondos de la Iglesia Católica proviene de Estados Unidos, mientras Alemania, Italia y Francia le siguen en contribuciones. El monto de esas donaciones ha caído 20% en los últimos dos años, al son de los escándalos sexuales y financieros.

El impacto de esos escándalos ha sido doble: una disminución de ingresos para la iglesia, pero también un aumento de egresos por concepto de indemnizaciones a las víctimas, tasadas hasta el momento en más de US$2.000 millones.

Otro gran misterio es lo que sucede al interior del Banco del Vaticano, epicentro de escándalos de corrupción y homicidios. Fundado en 1942 por el papa Pío XII, el banco se ha hecho mundialmente famoso por sus descalabros contables. El más célebre de todos fue la quiebra del Banco Ambrosiano, cuando desaparecieron casi US$1.300 millones en préstamos a empresas fantasma en América Latina durante la década de los 80.

El más reciente ejemplo de corrupción al interior del Banco del Vaticano es el de monseñor Nunzio Scarano, arrestado el pasado 27 de junio por fraude y lavado. Scarano, un banquero transformado en tiempo récord en sacerdote, fue detenido por intentar el traslado de 20 millones de euros de Suiza a Italia en un jet privado para blanquear el dinero.

Según The Economist, esta sería apenas la punta del iceberg. El Banco del Vaticano administra en la actualidad más de US$7.000 millones que pertenecen en su mayoría a diócesis y órdenes religiosas que lo usan para transferir los fondos alrededor del mundo. El gran problema es que nadie ejerce control ni vigilancia sobre esos dineros. No hay ninguna autoridad ni jurisdicción en el planeta que tenga autorización para preguntar sobre la procedencia y destino de esos fondos. Eso lo hace un vehículo perfecto para operaciones de lavado de dinero, evasión impositiva y otros delitos.

Tan solo en Italia, los tentáculos del Banco del Vaticano se extienden por el sistema bancario, aerolíneas, inmuebles, empresas públicas y la industria cinematográfica. En el mundo, su influencia se amplía a través de todo el sistema financiero, con abultadas cuentas en bancos de inversión estadounidenses como JP Morgan y Goldman Sachs. Su carácter sui generis (es mitad banco, pues recibe depósitos pero no hace préstamos) lo hacen presa fácil de abusos.

El papa Francisco ha prometido limpiar el Banco del Vaticano y, si es el caso, cerrarlo. Una de las posibilidades sería reducir su magnitud, para que solo maneje los fondos necesarios para mantener la Santa Sede en funcionamiento, disminuyendo drásticamente la cantidad de cuentas externas. Otra opción sería cerrarlo completamente, aunque pocos creen que esta alternativa sea viable, dados los profundos nexos entre la entidad y el poder en Italia.

Ojalá el papa Francisco cumpla lo prometido y ponga en cintura las finanzas del banco. El lavado de dinero de flujos financieros ilícitos es uno de los grandes generadores de pobreza en el mundo. El Vaticano, que debería ser modelo de austeridad y honestidad, tiene que dar ejemplo. Para lograr su objetivo, el papa Francisco habrá de mostrar que no solo es un hombre humilde y consecuente, como ya lo ha hecho, sino que tiene un carácter recio y guerrero, capaz de enfrentarse a los arraigados intereses de poder que han hecho del Vaticano su nido desde hace siglos.

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