| 10/1/1993 12:00:00 AM

Equipándonos

MUCHOS COLOMBIANOS no podían comprar electrodomésticos, ni computadores, ni automóviles por el costo prohibitivo de estos artículos. Con la apertura eso está cambiando. No solamente han bajado los precios, sino que ha aumentado la diversidad de productos. Y hay más crédito disponible para financiar su adquisición.

Los aumentos de las importaciones se están originando, en parte, por ese afán de los colombianos para dotar sus hogares con toda clase de bienes de consumo durable que permiten vivir mejor. Durante muchos años no hubo escogencia o tuvieron que viajar al exterior para conseguirlos, especialmente los que no se ofrecían en los Sanandresitos.

Pero no solamente han aumentado las importaciones de estos bienes. También la producción doméstica de varios de ellos. Pero más importante aún, se está presentando un despertar de la actividad comercial. Los empresarios del comercio están consiguiendo las representaciones de las principales cadenas del mundo en las distintas áreas. Los contactos van y vienen y nuevos almacenes se abren todo el tiempo.

Algunos con prejuicios del siglo pasado dirán que esto no es bueno. Dentro de esos prejuicios está la peregrina idea que el comercio o los servicios no son actividades productivas. Que solamente es productivo aquello que genera cosas tangibles. Es el eco del industrialismo del siglo pasado que consideraba que la única fuente de riqueza era el trabajo en el sector manufacturero. (Marxistas y mamertos incluso fueron más allá al sostener que lo único productivo era el trabajo manual).

¡Qué visión tan miope! Es productiva toda actividad que beneficia al consumidor. Y en este caso los consumidores están de plácemes porque al fin el comercio los está equipando, sin necesidad de viajar al exterior.
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