| 2/18/2005 12:00:00 AM

Entre el optimismo, la miopía y el realismo

Ni el pesimismo ni el optimismo sacarán este país adelante. Únicamente con realismo podremos ver nuestras limitaciones y solo entonces podremos empezar a actuar.

En el Foro Anif-Fedesarrollo, el primero de este año, fue muy interesante oír las opiniones de Fabio Villegas y Mauricio Cárdenas sobre el comportamiento de la economía colombiana, al igual que las del ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla. Las cifras presentadas por todos son las mismas. Dependiendo de la interpretación que reciben, la perspectiva puede ser optimista, como en el caso del ministro, o más bien realista e incluso pesimista, como en el de los analistas de Fedesarrollo y Anif.

El primer tema inquietante que sale del foro es el de la cifra de crecimiento de 2,4% en el tercer trimestre de 2004, que de acuerdo con los expertos es muy mala, lo suficiente como para cambiar las perspectivas de crecimiento de mediano plazo. De hecho, en la reunión quedó en evidencia la falta de fuentes internas de crecimiento, ya que el consumo, que representa el 83% del PIB, se mantiene estancado (según cálculos de Fedesarrollo el consumo real per cápita en 2004 fue igual al de 1993) y la inversión se mantiene en niveles extremadamente bajos.

Las exportaciones, que son la otra fuente de demanda, aumentaron más del 20% en 2004 y fueron en buena parte responsables del crecimiento del PIB ese año; pero difícilmente podrán repetir en 2005 el comportamiento del año anterior, que fue reflejo de la expansión mundial y del rezago que traían las importaciones venezolanas.

Así pues, desde el punto de vista de los directores de Fedesarrollo y Anif, es imprescindible trabajarle al tema del empleo para aumentar al consumo de los hogares, y también al de la inversión para impulsar el crecimiento económico.

En la interpretación de Carrasquilla, sin embargo, el país empezó el año envuelto en un manto de pesimismo que no deja ver con claridad las cosas. No hay razones válidas para modificar los pronósticos de corto y mediano plazo, pues no existe evidencia de que el dato del tercer trimestre contenga malas noticias. De acuerdo con el ministro, de los 1,7 puntos que se deteriora el crecimiento entre el primer y el tercer trimestre, 0,6 puntos se deben a factores contables y 0,8 a factores de oferta, entre los cuales se incluye el lío del paro camionero. En otras palabras, no hay por qué preocuparse.

El otro gran tema de discusión en el foro (reiterativo, además) es el fiscal. Para Cárdenas y Villegas, aquí hay una bomba que logró posponerse en 2004, gracias a que aumentaron los ingresos tributarios y la revaluación redujo el servicio de la deuda, pero terminará por comprometer el crecimiento presente y futuro, si no se corrige. Para los dos analistas, lo único que se ha hecho hasta ahora es modificar las metas de déficit fiscal acordadas con el FMI, y no se ha hecho ningún ajuste.

El ministro Carrasquilla no está de acuerdo con esta afirmación y concluye que la caída del déficit fiscal consolidado (gobierno central y entidades descentralizadas) de 3,1% en 2003 a 2,2% en 2004, así como el recorte en los gastos de funcionamiento del gobierno central, son la evidencia de que sí se está haciendo el ajuste. Afirma también que el aumento en el gasto público no es politiquería, sino que la deuda y las pensiones son compromisos ineludibles que crecen, pero que son sostenibles intertemporalmente con la reforma pensional.

Hay que opinar, controvertir y generar foros de discusión. Infortunadamente, en nuestro caso, la discusión se ha convertido en un diálogo de sordos que ha trascendido a más de cuatro gobiernos. En el entretanto, sin embargo, la realidad, nuestra realidad, es que mientras seguimos discutiendo los mismos temas de siempre, Colombia se está quedando atrás. No solo fue el país latinoamericano que menos creció en 2004, sino también es el que mantuvo el mayor déficit fiscal del gobierno central. El rezago ya no es solo frente a los grandes del mundo sino también frente a nuestros propios vecinos. Esto no lo podemos permitir.
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