| 7/7/2006 12:00:00 AM

Energía, demanda creciente

El mundo está sintiendo el impacto de la creciente demanda de energía y busca desesperadamente fuentes alternativas a las tradicionales de petróleo, gas y carbón.

Alo largo de la historia, las fuentes de energía cambian. En el siglo XX, el petróleo y el gas natural le quitaron la supremacía al carbón, que fue el energético de la revolución industrial. El petróleo se convirtió en elemento central de la estructura de la economía global y es determinante en la inflación mundial y en el balance de poder entre naciones. Otras fuentes de energía, como la hidroelectricidad y la energía nuclear, apenas llegan al 6,5% y el 6,4% del total, respectivamente. Sin embargo, esto podría estar cambiando. El comienzo del fin de la era del dominio del petróleo parece haber llegado, por cuenta de los biocombustibles.

Las fuentes no convencionales de energía apenas llegan hoy a un 1,4% del total. Sin embargo, los biocombustibles, como el etanol y el biodiesel, se han convertido en el centro de un gran esfuerzo de gobiernos y empresas en el mundo por reducir la dependencia del petróleo y enfrentar los problemas crecientes de la contaminación ambiental y el calentamiento global que generan los combustibles fósiles.

Buscar alternativas es una obligación. La razón no es solamente el incremento reciente de los precios del petróleo, sino lo que nos espera en las próximas décadas. La demanda de energía va a crecer rápidamente ante la expansión de los países en desarrollo, especialmente China, India, Brasil, Rusia y los países del sudeste asiático. La Agencia Internacional de Energía estima que la demanda de energía aumentará 60% entre 2002 y 2030. Según la Agencia, los países en desarrollo, que participan con un 50% de la demanda de energía, serán responsables de tres cuartas partes de este crecimiento.

En Estados Unidos, la Ley Energética Nacional de 2005 obliga a los productores de gasolina a lograr metas específicas de mezclas con biocombustibles. La Unión Europea ha emitido una directiva en el mismo sentido. El etanol se ha convertido en el foco de un gran esfuerzo gubernamental y privado para cumplir estos objetivos. No se trata únicamente de retórica. Empresas como Ford y General Motors despliegan hoy amplia publicidad promoviendo sus vehículos diseñados para operar a partir de mezclas.

Para Colombia, que ve decrecer su producción de petróleo y no ha tenido éxito en nuevos hallazgos de crudo, el interés mundial por el etanol pasa a ser una opción muy interesante. El país tiene importantes ventajas competitivas para la producción de etanol.

El gobierno está apoyando estas iniciativas. En el Presupuesto Nacional de 2007, que se presentará al Congreso el 20 de julio, se incluyó una partida de US$30 millones para la creación de un fondo de capital de riesgo para promover la construcción de plantas en zonas que tienen bajo atractivo para los inversionistas privados. De igual forma, se crearán zonas francas especiales para la producción de biocombustibles y habrá beneficios como la reducción de la tarifa del impuesto de renta, la ampliación de las exenciones del IVA para materias primas y productos terminados y la eliminación del impuesto de remesas para fomentar la inversión extranjera.

Ya están funcionando varios proyectos y otros más están por iniciarse. Es una nueva apuesta que tiene todo el potencial para el éxito. La demanda de etanol en el mundo va a crecer a tasas muy altas en los próximos años y hay capacidad para absorber la producción. Pocas veces, Colombia se sube a tiempo a las grandes oleadas de cambio de la economía mundial. Este parece ser uno de esos raros casos en los cuales el país sabe aprovechar a tiempo la oportunidad que se le aparece.

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