Encrucijada laboral

| 10/22/1999 12:00:00 AM

Encrucijada laboral

El deterioro de los indicadores laborales que revelará el Dane esta semana, el aislamiento político y social de los trabajadores públicos en paro y la incapacidad del país para formular una política contra el desempleo conforman una verdadera encrucijada laboral.



Aunque se disfrace en las cifras y en las explicaciones gubernamentales, la ocupación sigue bajando. Ante la debilidad de la economía, el desempleo continuará aumentando en las grandes ciudades, para llegar al 21% en junio próximo. En el país, se presentarán más de 500.000 nuevos desempleados, para sobrepasar en esa fecha los 3,5 millones de personas, cifra que podría no bajar hasta el final del gobierno. En ese contexto y con esas expectativas, no sorprende que la lucha de unos pocos por mantener y extender su privilegiado acceso a recursos públicos no tenga mucho eco en la población. Pero ello no es excusa para no poner en la agenda pública, en primer lugar, la necesidad de mejoramiento en el empleo y de las condiciones laborales.



Para crear empleo, ante todo, el país necesita crecer. Y para crecer necesita complementar el programa de estabilización con una política activa de reactivación de la oferta. Esto es, poner las exportaciones y la inversión privada, más allá de las mediocres cifras del programa con el FMI, como verdaderos motores de expansión. El esfuerzo de promoción de exportaciones, que comienza a dar sus frutos, tiene que ser una prioridad del gobierno en su conjunto. Y hay que enfrentar el colapso de la inversión privada con verdaderos incentivos de largo plazo. Mientras tanto, usar más activamente tres instrumentos de política.



Primero, la política salarial. El gobierno no debe prolongar artificialmente, como en su primer año, la burbuja salarial. El aumento de salarios públicos y el del salario mínimo de este año costaron 340.000 empleos. Error que no puede repetirse. Una política de cero crecimiento de salarios medianos y altos es necesaria, tanto en el sector público como en el privado. Para los empleados de menores ingresos, bueno sería mantener estable el salario mínimo real vigente al comienzo del gobierno.



Segundo, la modernización legislativa. Hay que reactivar su discusión en el Congreso. Las propuestas del anterior Ministro de Trabajo, que generarían menos de 100.000 empleos, hay que enriquecerlas. Qué bueno una reforma integral del sistema nacional de capacitación... Qué bueno para las empresas en dificultades financieras una legislación laboral de emergencia para no destrozar el empleo... Qué bueno atreverse a compartir riesgos económicos entre trabajadores y empresarios, para compensar el sacrificio salarial de hoy con beneficios futuros, mediante el pago con bonos variables según el desempeño económico o convertibles en acciones... Qué bueno integrar mayor flexibilidad de los contratos de trabajo con mayor seguridad social que defienda la estabilidad y el bienestar de los trabajadores...



Tercero, programas especiales de empleo. Los recursos multilaterales de apoyo social para mitigar el ajuste deberían ir, como lo pide el Presidente Pastrana, a la promoción directa de empleo. Más ahorros de gasto en burocracia deberían usarse para promover programas temporales de empleo. Y el mejor incentivo fiscal para enfrentar el desempleo es convertir los impuestos a la nómina en un subsidio directo para la creación de empleo.



La búsqueda de un nuevo norte para el empleo debe tomar todo el tiempo del Presidente, de sus ministros, de los investigadores y de las fuerzas empresariales y sindicales. Solo así dejaremos de sorprendernos cada tres meses con las malas cifras del Dane y de creer que el problema puede seguir siendo pospuesto.
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