| 3/4/2011 12:00:00 AM

En jaque

Se vienen grandes cambios en la geopolítica del petróleo. Esto traerá enormes consecuencias para Colombia y el mundo.

Las revueltas populares en el norte de África y Medio Oriente abren todo un nuevo escenario para la economía global. La estabilidad de los regímenes autoritarios en esos países y la confiabilidad de su suministro de petróleo eran supuestos profundos en todos los modelos de proyección económica. Nadie se preguntaba hace dos meses si habría que considerar un tema como este en los escenarios para 2011.

Todo esto cambió. La "nueva normalidad" de los países petroleros incluirá de ahora en adelante un riesgo de inestabilidad en el suministro. La convivencia con la incertidumbre petrolera será un tema dominante en la economía global, tanto en el corto como en el largo plazo.

Para Colombia, la situación es difícil de manejar. Como exportador de petróleo, los mayores precios ofrecen ventajas, pues ayudarán a financiar proyectos de infraestructura. También contribuirán a elevar el precio de la acción de Ecopetrol, en un año en el que el Gobierno planea salir a vender parte de sus acciones en la estatal petrolera.

Por el lado negativo, un aumento de los ingresos petroleros puede darle a la economía colombiana el empujón que le faltaba para entrar en una "enfermedad holandesa" plena, presionando la revaluación del peso y generando enormes dificultades en la generación de empleo. Si el alza del petróleo afecta la recuperación en Estados Unidos, la situación de las exportaciones colombianas -diferentes del petróleo- se vería afectada al mismo tiempo por la revaluación y la debilidad de la demanda externa.

Pero el aspecto más difícil de manejar para las autoridades económicas colombianas es la incertidumbre. No solamente hay factores negativos en el panorama, sino que su intensidad puede variar drásticamente en tiempos cortos. La capacidad para ajustar el manejo a medida que el escenario cambie será un tema fundamental en la política económica.

El primer punto en la discusión es el nivel que alcanzará el precio del petróleo. Hay toda clase de predicciones. El consenso de los analistas espera un precio superior a US$100, pero nadie sabe realmente qué va a pasar. Se teme que, si sube por encima de US$140 durante un periodo sostenido, la economía mundial iría a una nueva recesión. La firma de inversión Nomura cree posible que el precio llegue a US$220. Otros han descalificado esta predicción y opinan que las cosas se calmarán y el petróleo volverá a estar por debajo de US$100. Nadie tiene la bola de cristal para saber qué ocurrirá.

Un punto aún más difícil de manejar es el efecto que la confusión de expectativas tendrá sobre el manejo de las principales variables en los países desarrollados. Los bancos centrales de Estados Unidos y Europa enfrentan un dilema en relación con las expectativas. Incluso si el suministro de petróleo no se ve severamente afectado, bastará con que los mercados crean que eso ocurrirá para que el precio se mantenga elevado y afecte las perspectivas de inflación. Eso llevaría a las autoridades a aumentar las tasas de interés, con lo cual se pondría fin a la incipiente recuperación.

Hay más preguntas en otros frentes. ¿Puede realmente Arabia Saudita abastecer la caída de producción de otros países? Existe una controversia respecto a los mecanismos reales que le permitieron a ese país intervenir para reemplazar la producción de Libia y algunos analistas creen que los saudíes no podrían aumentar la producción si otro país reduce su oferta. ¿Ocurrirán revueltas populares como las de Egipto y Libia en los reinos del Golfo Pérsico? No hace falta que los reyes árabes caigan para que esto afecte la estabilidad global, solamente se necesitaría un deterioro de la percepción de confiabilidad en el suministro para que el precio del crudo se dispare.

¿Logrará Estados Unidos mantener buenas relaciones con los países petroleros a medida que evolucione la situación política en ellos? Los intereses norteamericanos enfrentan un conflicto entre la voluntad de apoyar una evolución hacia la democracia en esos países y la necesidad de mantener los acuerdos estables que han tenido con las tiranías en temas como la lucha contra el terrorismo. ¿Cuál será el efecto de la situación petrolera sobre China e India? Estos son los motores del crecimiento de la demanda global por commodities, que tanto han beneficiado a países como Colombia, pero las presiones inflacionarias pondrían límite a su escalada de crecimiento.

En este juego de vacíos de información, expectativas contradictorias y cambios súbitos en precios fundamentales, Colombia necesita acelerar la construcción de mecanismos institucionales que permitan manejar la inestabilidad. La institucionalización y aplicación de la regla fiscal y la reposición de activos del Fondo de Estabilización Petrolera se convierten en necesidades urgentes.

Adicionalmente, el país necesita cerrar filas alrededor de las autoridades encargadas de conducir la economía. Aparecerán voces que clamen por mayor proteccionismo y entrega de subsidios. Pretender solucionar los problemas a través de estas salidas, solamente empeoraría la situación y le restaría grados de libertad al país. Hay que actuar con agilidad y visión de largo plazo para sortear la turbulencia.

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