| 5/11/2011 12:00:00 AM

¿En dónde están los auditores?

¿Qué pasó con los auditores, contadores y revisores fiscales que supervisaban las cuentas de las empresas del Grupo Nule y de las 14 EPS del cartel de la salud?

La atención del país está centrada en dos enormes escándalos de corrupción: el Grupo Nule y las 14 EPS involucradas en el cartel de la salud. Todo el mundo se pregunta lo mismo: ¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo avanzaron tanto estos problemas? ¿Qué pasa con los mecanismos de control?

Inevitablemente, es necesario cuestionar la tarea de los auditores y revisores fiscales. Ellos representan la primera línea de defensa del sistema frente a los abusos que los administradores pueden cometer contra los ciudadanos a través del mal uso de recursos públicos.

El Grupo Nule era una maraña de empresas de papel que se hizo a partir de grandes concesiones del Estado y cuya quiebra suma $1,5 billones, según la liquidación de pasivos registrada al momento. El cartel de la salud era una operación de 14 empresas prestadoras de servicios de salud que, a través de recobros ilegales o falsos de medicamentos e intervenciones, defraudaron al Estado en por lo menos $30.000 millones.

Estos casos tienen mucho en común. En ambos se pagaron mordidas a funcionarios públicos y otros intermediarios, que recibieron comisiones a cambio de trámites y adjudicaciones. Se fraguaron acuerdos al estilo narco, con prebendas, contratos, cargos y dineros, y fallaron los mecanismos de contratación del Estado, especialmente en el sector de las concesiones viales y la salud.

Además, en ambos casos las auditorías fueron testigos inermes de lo que pasaba. Las contabilidades falsas, amañadas, con incumplimientos y contradicciones protuberantes fueron componentes necesarios en los dos casos. ¿Dónde estaban los auditores, contadores y revisores fiscales de estas compañías cuando se fraguaron todos estos delitos? ¿Cómo pudieron certificar que los estados financieros eran confiables, cuando escondían fraudes protuberantes? ¿Cómo certificaban cuentas y números de compañías que llevaban dobles contabilidades, o a veces ninguna? ¿No les importaba que no pagaran sus impuestos, como era el caso del Grupo Nule, que le debía a la Nación tributos por $28.000 millones, de los cuales $12.000 millones corresponden a retención en la fuente? Y, en el caso de la salud, ¿les resbalaba que adquirieran medicamentos esenciales a precios que eran dos, tres y hasta cuatro veces mayores que el promedio?

Se supone que la auditoría es una actividad independiente, objetiva, cuya tarea es contribuir a un mejor entendimiento y administración de los riesgos. Es el primer mecanismo encargado de alertar sobre indicios de irregularidades. Es preocupante verificar que esta tarea, en muchos casos, no se está cumpliendo.

La miopía de los auditores no ocurre únicamente en el sector público. ¿Cómo es posible que se estén dando transacciones multimillonarias en las universidades colombianas, que son supuestamente entidades sin ánimo de lucro? Instituciones como el Politécnico, el Inpahu y otras más, han sido vendidas a sociedades en Panamá por varios millones de dólares. ¿Cómo se puede vender algo que, en teoría, no tiene ánimo de lucro? ¿Cómo se hace una valoración de ese tipo? ¿Cómo se registra? ¿Dónde está la explicación de los auditores?

En todos los casos, contadores, auditores y revisores fiscales se han hecho los de la vista gorda. ¿Por qué no han sido suspendidos? ¿Siguen con la licencia? ¿No hay procesos en su contra? ¿No deberían responder ante los jueces, al igual que los Nule o las EPS? ¿Por qué no se plantea una reforma a fondo en este tema?

Este debate se lleva a cabo en el mundo entero. La crisis financiera destapó la ineptitud de los auditores y revisores fiscales, que no vieron el apalancamiento brutal de Lehman Brothers, ni los Credit Default Swaps de la aseguradora AIG. Hoy el debate está de nuevo en el ojo del huracán, por cuenta de los repos105 de la firma Ernst & Young, una de las cuatro grandes de la contabilidad en el mundo. Recientemente, Ernst & Young fue demandada en Estados Unidos por ayudar a esconder los riesgos financieros de Lehman Brothers antes del colapso del banco de inversión en 2008. La firma PricewaterhouseCoopers recibió duras críticas de la Cámara de los Lores en el Reino Unido debido a una actitud complaciente y conflicto de intereses en el caso de Northern Rock durante la crisis financiera.

Las lecciones del pasado están frescas y no parece que sean aprovechadas. En el ámbito internacional, el derrumbe de Enron implicó el fin de la firma de auditoría y contabilidad Arthur Andersen. En Colombia, basta recordar episodios como los de la Caja Agraria, el Banco del Estado, el Banco Cafetero, Coopdesarrollo y la crisis cooperativa de 1998, en donde los auditores jamás dieron las alertas tempranas que debían dar. Es indispensable volver sobre este tema y tomar las medidas que correspondan. Si las auditorías no funcionan como debe ser, los corruptos siempre encontrarán fácil salir adelante con sus planes. Y los grandes escándalos seguirán ocurriendo con regularidad.
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