| 9/16/2015 7:00:00 PM

Elegir mejores alcaldes, la apuesta para tener mejores ciudades en Colombia

En menos de un mes, los habitantes de los 1.123 municipios de Colombia tendrán la oportunidad de expresar en las urnas si quieren que las administraciones locales sigan el mismo camino de los últimos cuatro años o den el timonazo hacia un nuevo puerto. El tema merece análisis; en las elecciones regionales ya no solo está en juego el ajedrez de la manzanilla local.

Hagamos “doble clic” en las grandes urbes. Revisando las estimaciones poblacionales del Dane para 2015, de la población total del país 60% vive en 62 municipios que tienen más de 100.000 habitantes. Estas ciudades, por su tamaño, deben elaborar Planes de Ordenamiento Territorial (POT), los cuales son pactos sociales con una duración de 12 años, revisados cada vez que hay cambios en las administraciones regionales. 

No es un tema exclusivo de constructores y mandatarios locales. Es la oportunidad de definir el uso del suelo donde podría quedar su oficina, las vías que le reducirán tiempos de desplazamiento al trabajo y el área de los parques donde jugarán sus hijos, entre otros asuntos del día a día.

Pero, ¿por qué enfilar esfuerzos hacia los esquemas de planeación de las ciudades? Edward Glaeser, autor del libro Triunfo de la ciudad, sostiene que “las ciudades magnifican las fortalezas de la humanidad”, porque estimulan la innovación, atraen el talento, fomentan el desarrollo empresarial, facilitan la proximidad entre los habitantes y entre las personas con los centros de producción, y permiten la movilidad social y económica. Estas razones, según Glaeser, sugieren que las grandes aglomeraciones son el lugar ideal para vivir.

De allí se infiere por qué 36 millones de japoneses y 14 millones de indios, viven al interior o en la zona metropolitana de Tokio y Mumbai, respectivamente. En el mundo no es un tema menor, en 1950 había 80 ciudades con más de un millón de habitantes; para 2000 ya eran 365. 

Incluso en Colombia, según cálculos de Camacol, 86% del PIB en 2014, excluyendo las actividades de minería y agricultura, proviene de las ciudades del país.

Paul Romer, economista experto en crecimiento económico, afirma que la clave para lograr crecimientos sostenidos en el tiempo es enfocarse en invertir activamente en políticas urbanas y, sobre todo, planear las ciudades. Acá cobran relevancia los POT.

Las ciudades bien planeadas mejoran la calidad de vida, eliminan reglamentaciones innecesarias, incentivan la productividad, posibilitan la generación de conocimiento, reducen la contaminación, facilitan los procesos de redistribución y están interconectadas con sus vecinos cercanos.

Una ciudad con un POT bien estructurado debería contemplar tres elementos fundamentales. El primer paso antes de construir el POT es precisar la calidad en la información de los estudios técnicos. No hay nada peor que dar palos de ciego con el futuro del lugar en donde se va a morar. Tomar decisiones equivocadas sobre el uso del suelo, por ejemplo, no solo generaría inestabilidad para quienes deciden construir allí, también para el ciudadano de a pie que invierte los ahorros de su vida en proyectos inviables.

De la misma manera, los nuevos POT deberían reconocer las características económicas de las regiones. No se deben diseñar planes con el deseo. En momentos en que el discurso de la industrialización está de moda, sería poco conveniente hacer tabula rasa y modificar una zona comercial para volverla industrial.

Finalmente, la articulación es todo para las regiones. El esfuerzo de la construcción de una carretera de cinco carriles se pierde cuando, por la falta de coordinación o voluntad, la superautopista se reduce a solo dos vías cuando llega a las entradas de las ciudades. No está de más llegar a consensos con los vecinos y, en los casos en que exista estructura institucional regional, esforzarse por coordinar con dichas entidades.

En el siglo XIX, París, liderada por el barón Haussmann, hizo la gran transformación urbanística de su tiempo. Allí se acabaron los callejones estrechos y se dio espacio a los grandes bulevares y plazas. En Nueva York, Robert Mosses tuvo la oportunidad, y durante casi cuatro décadas construyó parques, zonas verdes, carreteras y puentes. El común denominador de estas experiencias: se desarrollaron y ejecutaron estrategias de largo plazo.

La invitación para quienes no han decidido su voto o quienes ya lo hicieron, pero no han analizado los contenidos programáticos, es a revisar detenidamente las propuestas de diseño de ciudad y de región, consignadas en cada programa de gobierno.

La efervescencia electoral lleva a que se agiten las banderas políticas de algún candidato o grupo de candidatos, sin mirar el detalle de lo que ofrece para transformar su vida y la de sus hijos. En las próximas elecciones está en juego el futuro de las ciudades.
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