| 5/28/2004 12:00:00 AM

El TLC y la política

La negociación del TLC con Estados Unidos requiere la excelente preparación de los negociadores para lograr el mejor acuerdo posible y un arduo trabajo político para convencer a los Congresos de los dos países de sus ventajas.

En la semana del 18 de mayo se inició en Cartagena la negociación del TLC entre Colombia, Ecuador y Perú, de un lado, y Estados Unidos, del otro. Los acuerdos de libre comercio, como el que acaba de iniciarse, forman parte de la estrategia del presidente Bush para lograr una mayor integración comercial de Estados Unidos con el mundo. Desde su posesión en el año 2000, ha firmado acuerdos de libre comercio con Jordania, Singapur, Chile, Australia, Marruecos, los cinco países centroamericanos y República Dominicana. Ya está negociando con cinco países del sur de África, Bahrein, Tailandia, Panamá y, más recientemente, con los tres países andinos.

En un mundo que se abre cada vez más, hacer parte del grupo de países con los cuales Estados Unidos tendrá acuerdos comerciales implica grandes beneficios, pues nos brindará un tiempo precioso frente al resto del mundo. Cuando muchos más países hagan parte de este club de comercio libre y se hayan eliminado las cuotas que rigen para las exportaciones de confecciones de China a Estados Unidos, la competencia va a ser feroz. Así que bienvenida esta negociación.

No obstante, para garantizar su éxito, es preciso estar encima de cada detalle. Y los detalles pondrán en evidencia la importancia de los procesos políticos. El acuerdo tendrá que ser aprobado por los Congresos de los países firmantes para convertirse en ley nacional y adquirir plena vigencia. Esto exige, por tanto, una ardua labor política por parte de los gobiernos y de los sectores que favorecen el TLC para convencer a los congresistas de ambos países sobre las virtudes del tratado.

La negociación del acuerdo con Colombia coincide con un momento político bastante complejo en Estados Unidos. En noviembre habrá elecciones presidenciales y de Congreso y todo indica que serán bastante reñidas. En este ambiente, cualquier tema se convierte en parte de la agenda electoral y la política comercial siempre será buena candidata para ser utilizada como la manzana de la discordia. Por esta razón, Luis Alberto Moreno, embajador de Colombia en Washington, hizo tanto énfasis en el cuidadoso manejo de las relaciones con el Congreso de Estados Unidos en el discurso de clausura del foro "Los empresarios y el TLC", organizado por la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, con el apoyo de Dinero, que tuvo lugar en Cartagena hace unos días. En sus palabras, "los países que encaran un TLC con Estados Unidos no solo tienen que surtir el arduo proceso de la negociación, sino también competir por el interés, el tiempo y los afectos de 100 senadores y 540 congresistas".

En los meses que quedan antes de las elecciones, el Congreso estadounidense no va a mirar ninguno de los acuerdos que ya están firmados pero no han sido aprobados. Es el caso de los tratados con Centroamérica, Australia y Marruecos. Esto significa que cuando el Congreso comience nuevamente el año entrante, tendrá un importante número de tratados haciendo cola y podrá darse el lujo de aprobar o rechazar cualquiera con el que no tenga empatía.

Afortunadamente, Colombia ha venido trabajando de cerca con los congresistas de Estados Unidos para convencerlos de la necesidad de dar apoyo al país. Esta ha sido la experiencia del Plan Colombia y del Atpdea. No obstante, la aprobación del TLC, que incluye temas sensibles como el ambiental y el laboral, en un entorno en el cual persiste el asesinato sistemático de sindicalistas en Colombia, es un reto mucho mayor que cualquiera que hayamos tenido en el pasado en este campo. Es preciso redoblar esfuerzos. Como dice el embajador Moreno: "Las circunstancias políticas en Estados Unidos son muy difíciles. Sacar adelante un TLC con Colombia en la Cámara estadounidense puede ser cuestión de un puñado de votos".
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