| 6/6/2012 6:00:00 PM

El poder latino

El resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos depende de la minoría más pujante: los hispanos.

Videos en español, portales en español, comerciales en español, vallas en español y hasta correos electrónicos en español. Todos hacen parte de la nueva campaña de Barack Obama para conquistar el voto hispano de cara a las presidenciales del próximo mes de noviembre.

Se espera que más de 12 millones de latinos voten este año, según datos de la Asociación Nacional de Funcionarios Electos y Designados (Naleo, por su sigla en inglés).

Con todos los fierros, Barack Obama se lanzó a la caza del electorado más valioso en la próxima contienda electoral por la presidencia de Estados Unidos. Ningún otro grupo étnico –ni los afrodescendientes, ni los asiáticos, ni los irlandeses, ni siquiera los blancos católicos– tiene hoy el peso demográfico de los hispanos.

Mientras apenas en el año 2000 había 35,3 millones de ciudadanos de origen latinoamericano, para 2010 ya eran 50,5 millones, según datos del censo. Hacia el futuro su predominio será contundente pues, según las proyecciones, en las próximas décadas la cifra superará los 133 millones, un tercio de la población estadounidense. Los blancos dejarán de ser la mayoría.

Ese pequeñísimo detalle no solo está cambiando la vida cotidiana de Estados Unidos y su imagen en el mundo, sino también la política. Los hispanos son, junto a los afroamericanos y los judíos, el segmento electoral étnico más fiel al Partido Demócrata. Obama confía en su voto para lograr la reelección en noviembre.

Eso no debería resultarle difícil, dada la hostilidad del candidato republicano Mitt Romney contra los inmigrantes. Romney se ha encargado de ganarse enemigos entre los votantes hispanos con una retórica mandada a recoger.

Primero, pidió la “autodeportación” de los 11 millones de individuos que viven y trabajan en Estados Unidos sin papeles. Segundo, propuso usar la draconiana y controvertida ley inmigratoria de Arizona como un “modelo” para replicar en todo el país.

Y, como si fuera poco, se acaba de ir lanza en ristre contra Sonia Sotomayor, la única latina que ha llegado a la Corte Suprema de Justicia de ese país. Sotomayor es para los hispanos lo que Martin Luther King fue para la raza negra: el mayor ícono de toda una comunidad.

Romney está llevando a los republicanos a un despeñadero electoral.

George W. Bush obtuvo 44% del voto latino en 2004 y ganó la reelección por un estrecho margen. John McCain obtuvo solo 31% en 2008 y perdió. Es difícil imaginar a Romney, o a cualquier otro republicano, llegando a la presidencia sin haber conquistado al menos 40% del voto latino.

Las cosas tendrán que cambiar hacia el futuro. La aritmética electoral acabará forzando al Partido Republicano a moverse al centro y esforzarse de verdad por ganar el voto de los hispanos. Tendrán que ser más amables con ellos, tener posiciones más abiertas en cuanto a la inmigración y políticas económicas que les sean más cercanas.

Esta elección presidencial señala el camino que la composición demográfica impone a la sociedad y a la política en Estados Unidos en este siglo. Más pronto que tarde, cuando analicen las razones de lo que le pasó a Mitt Romney en 2012, el auge de los latinos forzará un giro al centro del Partido Republicano y, en consecuencia, de todo el espectro político en la nación del Tío Sam. La Casa Blanca será de los latinos. Y América Latina será una prioridad.
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