| 8/19/2005 12:00:00 AM

El nuevo orden mundial

Cada vez es más clara la influencia de China sobre la economía mundial, desde el precio de las materias primas hasta la determinación de las tasas de interés y la inflación.

Hace unos años, a nadie le importaba lo que pasaba con el yuan, la moneda de China. Sin embargo, el manejo del yuan tiene hoy implicaciones de gran escala en la economía internacional. Los ojos de todos, y particularmente los de Washington, se han enfocado en Beijing y su moneda. China mantuvo hasta hace poco una política de paridad entre el yuan y el dólar. Las autoridades estadounidenses atribuyeron a esta política una fuerte responsabilidad en el déficit comercial de Estados Unidos frente a China. Presionaron al gobierno de Beijing para que modificara su política, que veían como una forma de competencia desleal, y se moviera hacia una revaluación. Hace poco, Beijing tomó medidas en ese sentido y ahora Estados Unidos está enfrentando nuevos problemas, precisamente porque el gobierno chino le hizo caso.

A finales de julio, China anunció un nuevo régimen cambiario. El yuan ya no estará atado al dólar, sino que flotará con respecto a una canasta de monedas. Tras el primer anuncio, el yuan se revaluó 2,1%, una cifra demasiado baja para modificar el déficit comercial estadounidense. Aunque la nueva política cambiaria de China ha tenido pocas consecuencias inmediatas sobre el comercio de bienes, tendrá un impacto más sustantivo sobre los mercados financieros.

Para poder mantener el yuan a la par con el dólar, China tenía que esterilizar buena parte de los ingresos por exportaciones y por este motivo invirtió durante años sus reservas internacionales en bonos del Tesoro estadounidense. Estas compras de bonos permitieron a Estados Unidos financiarse a bajo costo, lo cual fue muy importante durante la recesión, y además explican en parte por qué los intereses de largo plazo no han reaccionado a los aumentos de los intereses de corto plazo que la Reserva Federal viene realizando desde junio de 2004.

Recientemente, Beijing estableció que las principales monedas en la canasta serán el dólar, el euro, el yen y el won coreano, aunque no determinó cuáles serán las ponderaciones respectivas. La adopción de la canasta de monedas podría implicar que el banco central de China ya no se vea en la obligación de comprar más bonos del Tesoro estadounidense y que, por el contrario, invierta sus reservas en las otras monedas de la canasta de referencia. De ser así, y esto es lo que temen los mercados, Estados Unidos tendría que subir los intereses aún más para atraer los capitales que requiere para financiarse.

Pero las implicaciones del nuevo régimen cambiario no se detienen ahí. Si el yuan entra en un camino de revaluación más rápida, esto podría elevar el nivel de precios en Estados Unidos y en el resto del mundo. Los bajos precios de los productos chinos han ayudado a los países a mantener la inflación bajo control. De acuerdo con un estudio realizado por el banco de inversión Dresdner Kleinwort Wasserstein, China ha contribuido a bajar la inflación estadounidense en un punto en los últimos años.

Por otra parte, China ha ejercido una gran influencia sobre los precios de las materias primas y, en especial, sobre los del petróleo. La demanda de China ha ayudado a elevar los precios y esto se ha convertido en un beneficio enorme para los países exportadores. Esto les ha ayudado a mejorar sus finanzas, pero también ha aumentado los excedentes de liquidez mundial, los cuales han presionado los intereses hacia la baja.

En suma, cuando China decidió comenzar a hacer lo que Estados Unidos le pidió durante tanto tiempo, desató procesos económicos que van a ser muy difíciles de manejar para el propio Estados Unidos. La baja inflación y los bajos intereses que han favorecido el crecimiento mundial en los años recientes podrían salir del panorama si la tendencia revaluacionista del yuan toma fuerza.
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