| 2/16/2007 12:00:00 AM

El nuevo Minhacienda

Precisamente porque la economía se ve tan bien, el nuevo Ministro de Hacienda deberá tener mucha cautela y velar por que no se cometan excesos con los recursos públicos. La tentación será grande.

Al Ministro de Hacienda entrante le corresponderá desempeñarse en un excelente momento económico. Si bien es obvio que esto representa grandes ventajas, también encierra grandes peligros.

Está demostrado que administrar los buenos momentos con visión de largo plazo no es nada fácil. Aunque las épocas de bonanza deberían ser ideales para resolver problemas de fondo, esto rara vez ocurre. Por el contrario, generalmente se impone la línea del menor esfuerzo. En medio de la abundancia, se tiende a olvidar que los buenos tiempos no son eternos y se deja de hacer lo que sería necesario para superar las épocas malas que, inevitablemente, vendrán después.

Gracias al buen desempeño económico, el panorama de las finanzas públicas es hoy mejor de lo que se preveía hace pocos años. Con la liquidez de los mercados globales de capital, el acceso a recursos de financiación tanto internos como externos no tiene problema. De hecho, el gobierno ya tiene prefinanciados los US$2.000 millones de financiación externa prevista para este año.

Las arcas del gobierno están llenas y los resultados fiscales son los mejores de muchos años. El año 2006 terminó con un déficit fiscal consolidado de 0,4% del PIB, el más bajo en años y muy inferior al estimado inicialmente. Este resultado se debe, principalmente, a los mayores recaudos tributarios por cuenta del crecimiento económico y al superávit que presentaron las empresas públicas regionales y locales, así como los gobiernos regionales y locales.

Este resultado es, por supuesto, bueno. Sin embargo, no se debió a un esfuerzo por el lado del gasto para racionalizar el uso de los recursos, sino a un aumento de los ingresos puramente coyuntural, que rápidamente se va a desvanecer.

De hecho, de acuerdo con el Plan Financiero de 2007, elaborado por el CONFIS, el déficit fiscal consolidado esperado para este año es de 1,3% del PIB, superior en casi un punto porcentual al del año anterior. La razón es un comportamiento inverso al de 2006: el deterioro de los resultados de las empresas en el mercado nacional y local y un menor superávit de los gobiernos regionales y locales.

El mayor déficit en 2007 se producirá, a pesar del incremento de 11,2% previsto en los ingresos tributarios por cuenta del nuevo impuesto al patrimonio, que este año ascenderán a $2,03 billones, y del aumento de 55% en los dividendos que Ecopetrol transfiere al gobierno central. Estas cifras ponen en evidencia el problema central de las finanzas públicas. El déficit del gobierno central no se reduce; todo lo contrario. Mientras en 2006 el déficit del gobierno alcanzó 3,8% del PIB, se estima que en 2007 llegará a 3,9%.

Los resultados fiscales de 2006 y 2007 no representan tendencias sostenibles. Pueden ser contraproducentes si se utilizan para justificar aumentos del gasto, que tendrían graves perjuicios para el futuro de la economía. La reforma tributaria reciente no hizo nada para corregir esta tendencia. El impuesto al patrimonio podría incluso producir un espejismo y llevar a un diagnóstico equivocado de la situación, al sumar en los ingresos tributarios totales estos ingresos.

La labor del nuevo Minhacienda será velar por que esto no suceda. Su misión será lograr la restricción del gasto y trabajar para sacar adelante la reforma tributaria estructural que tanto necesita el país.
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