| 2/15/2012 6:00:00 PM

El nuevo mejor amigo

Aunque está casi listo el acuerdo entre Colombia y Venezuela, no hay que cantar victoria. Quedan temas por definir, como asegurar el pago futuro de las deudas y darles garantías a las inversiones.

En la noche del 8 de febrero se cerró la última ronda de negociaciones del acuerdo comercial de alcance parcial entre Colombia y Venezuela. Los dos países quedaron a un paso de firmarlo en las próximas semanas y les permitirá a los exportadores colombianos, una vez entre en vigencia, ingresar al mercado vecino con más de 4.000 partidas sin arancel.

Tras el retiro de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), el comercio entre los dos países quedó en interinidad, sumado a la ruptura económica y política del presidente Chávez con Colombia en la última parte de la administración Uribe.

Colombia pasó de tener en el mejor de sus momentos comerciales con Venezuela exportaciones que en promedio mensual superaron los US$400 millones a apenas US$100 millones; esto sin olvidar que, en 2008, se registraron ventas récord al vecino país por más deUS$6.000 millones.

Durante los primeros meses de la administración Santos se hizo gran énfasis en los asuntos políticos y de seguridad, situación que los empresarios calificaron como equivocada, pues no se desarrolló la relación comercial cuando las importaciones totales del vecino país venían en aumento y Colombia perdía su papel protagónico de proveedor.

Sin embargo, en el periodo más reciente y bajo un escenario de mayor confianza, el comercio empezó a repuntar y el año pasado las ventas de nuestro país hacia ese destino superaron losUS$1.500 millones, un crecimiento cercano a 20% frente a 2010.

Con el acuerdo que está a punto de firmarse, 91% del comercio colombiano con Venezuela quedará con cero arancel, mientras el restante 9%, que corresponde a unas 93 partidas arancelarias, tendrá un margen de preferencia fija, entre 40% y 60%, similar al que se tiene hoy con Mercorsur.

Sin duda, es mejor tener un acuerdo que no tenerlo. Las prórrogas que se venían haciendo al esquema de acuerdo de la CAN no generaban confianza y no permitían construir una relación comercial de largo plazo. Además, en nuestro caso, dos hechos tienen especial relevancia: uno, que Colombia abrió la puerta y abonó el terreno para que otros países sigan el camino de los acuerdos bilaterales con Venezuela; y dos, que en desarrollo del tratado, el gobierno colombiano logró salvaguardar el TLC con Estados Unidos, uno de los caballos de batalla del vecino país contra la integración comercial binacional.

Si bien esas son las buenas noticias, lo que viene es más complejo. En el acuerdo no quedó definido cuáles serán los mecanismos de pago para las empresas colombianas. Cabe recordar que el gobierno venezolano tiene toda la discrecionalidad en los desembolsos del comercio exterior. Según cifras del Ministerio de Comercio, de US$1.200millones en deuda, quedan solo por pagar US$200 millones, pero pasaron más de dos años para darle una solución a este problema que se dilató y terminó en investigaciones sobre presuntas sobrefacturaciones que, al final, están siendo mucho menores de lo previsto inicialmente. También está pendiente y por definirla reglamentación para el transporte de carga terrestre.

Esos no son los únicos desafíos.Otro aspecto complejo tiene que ver con el tema de la protección a lasinversiones. El pasado 24 de enero, Venezuela denunció el convenio del CentroInternacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (Ciadi) queprotege a los inversionistas extranjeros. De acuerdo con los cronogramas, ladenuncia se hará efectiva en un plazo de seis meses; es decir, a finales dejulio próximo. Pero las amenazas del gobierno venezolano sobre expropiacionesno cesan y allí grandes industrias nacionales han desarrollado unainfraestructura propia para atender ese mercado y se teme por alguna decisióncontra ellas en este sentido, siguiendo el camino de la planta cementera de Argos.

Aunque no hace parte del acuerdo,los gobiernos deben mirar con más interés las zonas de frontera y desarrollarplanes específicos –industriales y comerciales– pues son la bisagra de larelación y, si no se le da mantenimiento, se puede romper.

Pero, tal vez, la mayorpreocupación es la estabilidad en las reglas de juego. Venezuela se hacaracterizado por cambiarlas o eludirlas unilateralmente, así estén vigentes,generando zozobra en la relación entre los dos países, cerrando fronteras yminando el comercio.

Colombia, con paciencia, halogrado cristalizar esta primera aproximación. Sin embargo, los retos sonmayúsculos, pues en muchas ocasiones ha quedado demostrado que, por encima delos acuerdos y tratados, prima el estado de ánimo del presidente Chávez.

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