| 2/6/2004 12:00:00 AM

El NAFTA y el TLC

El NAFTA y el TLC

El libre comercio por sí mismo no trae educación y salud para los pueblos. Pero sí genera riqueza para que los gobiernos la inviertan acertadamente en las necesidades de su gente.

A raíz del décimo aniversario del NAFTA, que se cumplió el 1 de enero de este año, la bondad del libre comercio ha sido puesta en entredicho. Para un gran número de mexicanos, los costos de haberse embarcado en un TLC con Estados Unidos y Canadá han superado los beneficios. Su escepticismo se está trasladando a otros países de la región.

Los hechos pueden ser mirados desde diferentes perspectivas. Por una parte, México triplicó sus exportaciones en los 10 últimos años (cuando ha estado vigente el NAFTA) de US$52.000 millones a US$161.000 millones, con lo cual pasaron del 15% al 30% del PIB. El ingreso per cápita aumentó en 24% y la economía de ese país ocupa el noveno lugar en el mundo. Sin embargo, también es cierto que al cabo de estos diez años el desempleo está aumentando, lo mismo que las migraciones de mexicanos hacia Estados Unidos. La economía apenas creció 1,5% en 2003.

Al parecer, México perdió el impulso que le dio originalmente el NAFTA, cuando las grandes empresas estadounidenses llegaron en busca de menores salarios y con importantes flujos de inversión extranjera. Con los años fue perdiendo este atractivo y hoy estas empresas se están desplazando a China, donde no solo los salarios resultan más competitivos, sino que además el Estado ofrece a los productores extranjeros incentivos tributarios, capacitación de la mano de obra y acceso inmediato a la última tecnología. De hecho, para sorpresa y desilusión de los mexicanos, China se convirtió el año pasado en el segundo proveedor de Estados Unidos, por encima de México.

Para los críticos, México dejó pasar su cuarto de hora y no supo sembrar el potencial de riqueza que el libre comercio le trajo. Por trabas políticas, se quedó atrás en infraestructura y educación, con altos costos para su competitividad. Ahora tendrá que luchar para recuperar su dinámica.

China, por su parte, a pesar de ser un país comunista, entendió hace años que la única manera de salir del subdesarrollo es con crecimiento económico, para lo cual es preciso estimular la creación de empresas y el libre comercio. Llegó al punto de cambiar la Constitución para permitir el desarrollo de la empresa privada. China es el único país del mundo que tiene como meta el crecimiento económico y toda la población está comprometida con el propósito de triplicar el PIB en 20 años.

En abril de este año, Colombia va a iniciar las negociaciones de un tratado de libre comercio con Estados Unidos, pero hoy no existe en el país un consenso sobre el tema. Algunos lo pintan como una verdadera tragedia, sin haberse preguntado cuáles podrían ser los beneficios del TLC para el país. Al gobierno, por su parte, le ha faltado liderazgo y comunicar con claridad su percepción del balance que es posible esperar del tratado. Parece que fuera a entrar en una negociación a ver qué sale de ella, en lugar de ir con una evaluación sólida de posibles resultados, con sus pros y contras.

Si realmente vamos a entrar en este TLC, es mejor que nos pongamos de acuerdo como país y negociemos bien. Como dijo en entrevista con el diario El Tiempo Jaime Serra Puche, ex secretario de comercio de México, quien lideró la negociación del Nafta por su país: "lo que hay que entender de un tratado de libre comercio es que, al final del día, habrá libre comercio, y es en la negociación donde se pueden mitigar o reconocer las ventajas que los distintos sectores tienen". Luego puede ser demasiado tarde.
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