| 9/26/2008 12:00:00 AM

El mundo se desacelera, Colombia también

La intervención del gobierno de Estados Unidos evitará el colapso del mercado de crédito mundial, pero no la recesión ni sus efectos sobre el resto del mundo. Hay que estar preparado.

La desaceleración de la economía de Estados Unidos es inevitable. Con la crisis financiera, el crecimiento se va a frenar en E.E.U.U., en el resto de economías desarrolladas y también, aunque en menor proporción, en las emergentes. Debemos prepararnos como país, como empresas y como personas.

Debemos prepararnos como país. Tal y como lo destacan el ministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga, y el codirector del Banco de la República, Juan Mario Laserna, en diálogo con Dinero (página 30), Colombia está mucho mejor preparada para enfrentar una crisis hoy que en la década pasada, cuando se presentaron las crisis de los países asiáticos y Rusia. El sector financiero es sólido, el 75% de la deuda pública está denominada en pesos y las necesidades de financiamiento en el exterior son bajas. Incluso si se cerraran los mercados, estas necesidades podrían ser atendidas por la banca multilateral.

No obstante, no hay que subestimar el efecto de la crisis. Como lo dice Juan Pablo Córdoba, presidente de la BVC (página 30), el 80% de las entidades financieras americanas son globales y esto significa que las restricciones de crédito no solo se van a sentir en Estados Unidos, sino también en el resto del mundo. Los bancos van a reducir sus líneas de crédito y el que viene es un momento de poca liquidez, crédito costoso y acceso difícil. Todas las empresas se van a ver afectadas, incluso aquellas que tienen buenas historias de crédito. Las limitaciones de crédito se sentirán en la inversión y tendrán un impacto negativo sobre el crecimiento.

La crisis también va a afectar el crecimiento por la vía comercial. Con la desaceleración internacional caerá la demanda por exportaciones y bajarán sus precios. Por estas dos razones, el crecimiento este año será inferior al previsto inicialmente y estará probablemente entre 2,5 y 3,5%. Algo similar ocurrirá el año entrante.

Es preciso controlar el gasto público. Por cuenta del menor crecimiento económico y de las exportaciones, caerán los recaudos. El Gobierno no contará con los recursos que tuvo en los años anteriores para gastar y deberá ser muy prudente.

Debemos prepararnos como empresas. En este momento son relevantes las recomendaciones que Michael Porter, profesor de Harvard, formuló en el World Business Forum que tuvo lugar en Nueva York entre el 23 y 24 de septiembre.

De acuerdo con Porter, las empresas que quieran sobrevivir a la crisis deberán enfocarse en sus fundamentos económicos. Primero, deberán concentrarse en vigilar los retornos de la inversión por cliente, por segmento y por producto. Segundo, la estrategia es la consideración central. No es momento para ponerse a hacer de todo. Tercero, no deben sobrerreaccionar. Incluso si sus clientes o sus proveedores se agitan, los buenos empresarios deben entender que la crisis es un fenómeno de corto plazo. Cuarto, las reducciones de costos deben hacerse teniendo en cuenta la estrategia y no indiscriminadamente. Quinto, las empresas deberían aprovechar que en momentos de crisis el precio de sus acciones pierde relevancia, pues no responde a los fundamentales sino a los temores del mercado. La coyuntura, por lo tanto, se presta para hacer cambios necesarios con miras a tener éxito más adelante. Sexto, deben aprovechar las oportunidades que se presentarán para reestructurarse, siempre siguiendo con fidelidad la estrategia.

Por último, debemos prepararnos como personas. Es básico entender que los años de la gran expansión pasaron y que debemos tener gran prudencia en el momento de gastar e invertir. No hay que endeudarse demasiado y no hay que asumir riesgos absurdos en las inversiones. Los tiempos de vacas flacas deben ser utilizados para reestructurar y tomar buenas posiciones hacia la siguiente fase de crecimiento. Es un tiempo precioso que fácilmente se puede perder en la lucha por no ahogarse en las secuelas de los propios errores.

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