| 3/20/2009 12:00:00 AM

El momento de la competitividad

Lo mejor que el presidente Uribe podría hacer por Colombia es prepararla para competir con los mejores cuando termine la crisis global.

Mucho se habla de la confianza inversionista y de la necesidad de preservarla para sostener el crecimiento económico. Sin embargo, si realmente queremos que haya confianza inversionista cuando termine la crisis global, es necesario ofrecer condiciones reales para que en ese momento la inversión en Colombia sea la mejor opción.

Hay un lado positivo de la crisis global y es el siguiente: nos ofrece una ventana de oportunidad única para ponernos al día y desarrollar un contexto institucional y unas condiciones adecuadas para la inversión. Esto es lo que los inversionistas globales estarán buscando cuando la crisis termine.

Durante esta década tuvimos suerte pues, a pesar de la ausencia de muchas de estas condiciones, la inversión llegó. No debemos engañarnos al interpretar lo que ocurrió, ni debemos creer que esa inversión vino a Colombia debido a que el país hizo todo lo que tenía que hacer a través de sus políticas. En buena medida, la inversión llegó porque fueron años de burbuja, con grandes flujos de capital que recorrían el mundo buscando proyectos, con bajas tasas de interés, altos precios de las materias primas, poca aversión al riesgo y altas rentabilidades. Esta época pasó y no la volveremos a ver. Los capitales inversionistas de la post-crisis serán mucho más selectivos.

El Gobierno ha dicho que, como medida anticíclica, va a llevar a cabo un ambicioso plan de infraestructura por $55 billones. Debemos leer con cuidado esos anuncios, pues una parte de esto se venía haciendo y otra parte está por hacerse desde hace muchos años. Además, aún no está lista para ser ejecutada. Por este motivo, el plan de infraestructura no servirá como medida anticíclica en estos tiempos de crisis.

El plan de infraestructura es necesario, no por razones coyunturales, sino de largo plazo. En el mundo entero, los países enfrentan la crisis con ambiciosos planes de infraestructura que aspiran a generar empleo en el corto plazo, pero además tienen la función de fortalecer las economías y aportar un impulso decisivo cuando cambien las condiciones de la economía global.

China, por ejemplo, con su plan de estímulos por US$600.000 millones, ya inició la construcción de autopistas y vías férreas con el fin de generar empleo y disminuir los costos de transporte. Además, destinó una parte importante de estos recursos para investigación y desarrollo y con el ánimo de mantener a los empleados en sus puestos de trabajo.

En Colombia sabemos de la importancia de la competitividad. Por este motivo, hace un poco más de dos años se creó la Alta Consejería para la Competitividad, así como el Consejo Privado de Competitividad. Adicionalmente, el Conpes aprobó una política para la competitividad basada en 15 pilares.

Sin embargo, para que Colombia pueda avanzar hacia una mayor competitividad, necesitamos ser mucho más agresivos en este frente. Tenemos que empezar por reconocer abiertamente nuestras falencias.

La nuestra es la peor infraestructura del continente. Contamos con innumerables trámites que no solo son costosos sino que además retrasan la puesta en marcha de cualquier proyecto. Es cierto, como lo afirma el Banco Mundial, que Colombia es el país que más avanzó en este aspecto el año pasado, pero aún estamos en una muy mala posición frente a los países que compiten directamente con nosotros. Tenemos problemas con las licencias ambientales, esencialmente por la falta de comunicación entre los ministerios. Tenemos un sistema de reglas de juego para la inversión que con frecuencia son poco claras, o incluso contradictorias.

Dejamos pasar seis años preciosos sin construir las vías necesarias para competir. Creemos que anunciar es lo mismo que hacer, pues la lógica de nuestro sistema de decisiones nos dice que lo que se anuncia seguramente termina haciéndose.

Hay que empezar por dejar de creer en nuestras propias mentiras y vivir de nuestras ilusiones. Si no actuamos ya, cuando la crisis global termine estaremos peor que ahora, porque los inversionistas serán más selectivos que en el pasado reciente. Hacemos parte de un grupo de países que compite por recursos y ofrece condiciones muy similares en cuanto a mercados potenciales, mano de obra y expectativas de crecimiento. La inversión irá adonde le resulte más rentable. Cuando la inversión global vuelva a buscar dónde casar sus apuestas (y nos referimos a inversionistas colombianos y extranjeros), no querrá mirar a Colombia si nos limitamos a quedarnos donde estamos. Mantenerse en el mismo sitio equivale a retroceder, pues todos aquellos que hayan avanzado con la velocidad que la oportunidad exige nos habrán sacado una ventaja decisiva.

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