El mañana es bio

| 6/8/2001 12:00:00 AM

El mañana es bio

La biotecnología será al mundo de los negocios en la primera década del siglo XXI lo que la informática fue a la última década del siglo XX. Esta tesis esbozada por Francis Fukiyama para la economía mundial es precisa para la Colombia de hoy.



Muchos colombianos creen que el futuro está en nuestros recursos naturales. Los estudios internacionales muestran, paradójicamente, que más recursos naturales no se asocian con más sino con menos crecimiento económico. ¿La explicación? Lo que cuenta no es la disponibilidad de recursos, sino la habilidad del mundo de los negocios para desarrollarlos. Y en el trópico, sin nuevas tecnologías, hay enormes límites para progresar en la salud pública, la productividad agrícola y el uso de energía.



Es explicable que, en medio de tanta violencia e incertidumbre financiera, florezca la ilusión de que con paz y con estabilidad macro vendrán el crecimiento y el desarrollo económico. Pero ni esto, ni los recursos naturales traen automáticamente crecimiento. El desarrollo económico sostenible lo traen los buenos incentivos para la acumulación y el cambio técnico, para descubrir e innovar, en las áreas con potencial.



En Colombia, la relativa abundancia de tierras y de recursos mineros ha sido subaprovechada para crecer. ¿Por qué? Porque hemos hecho uso extensivo de ellos y no un uso creativo para romper los límites de nuestra ecología tropical. ¿Para qué ha nos servido contar con una de las más altas biodiversidades del mundo? Para poco más que alimentar los discursos ambientalistas. Además, la monstruosa amenaza a la supervivencia, que ha servido para tener los mejores traumatólogos del mundo, ha inducido pocos esfuerzos para producir nueva vida.



La investigación que aquí reportamos, página 22, indica que, para sorpresa de muchos, las cosas pueden estar cambiando. El talento acumulado en centros de investigación, universidades y empresas comienza a generar resultados. Los métodos de control biológico de plagas, las nuevas especies resistentes a enfermedades, los filtros biológicos, las plantas transgénicas y las vacunas sintéticas ya comienzan a salir de los laboratorios y empiezan a ser incorporados al sistema agrícola. Los nuevos medios de diagnóstico, los cultivos de tejido y hasta las vacunas sintéticas comienzan a hacerse espacio en los sistemas de salud. ¿Es mucho? No aún, pero es un buen comienzo.



¿Qué se requiere? Que el país no piense de los proyectos de biotecnología como extranjeros o como simples golondrinas para volar en los veranos.



Colombia romperá la trampa de bajo crecimiento cuando tome en serio la innovación para superar las limitaciones del trópico. La biotecnología es, hoy, la apuesta más promisoria.



La biotecnología puede ser un proyecto verdaderamente estructurante de la economía y la sociedad del nuevo siglo combinando la formación, la investigación y el impulso a los nuevos negocios. El país tiene que multiplicar la formación universitaria en biología molecular, en bioquímica, en ingeniería química y en la mezcla de sistemas con biología; tiene que reversar la asfixia fiscal a la investigación, en Colciencias, en Corpoica, en las universidades, y multiplicar los recursos para la investigación; tiene que promover las alianzas con los mejores centros académicos y de negocios del mundo en este nuevo campo; tiene que preparar un sistema financiero para proveer capital de riesgo y acompañar los nuevos emprendimientos para muchos nuevos empresarios.



La biotecnología puede ser la apuesta más importante del nuevo milenio. Es una carrera contra el resto del mundo que vale la pena correr. En medio de nuestros avatares por sobrevivir, hay que tomarla en serio.
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