El libre comercio va en serio

| 2/8/2003 12:00:00 AM

El libre comercio va en serio

El modelo de globalización que el mundo adoptó hacia finales de la década del 80, para impulsar el desarrollo de los países con el libre flujo de bienes, capitales y personas, está siendo fuertemente cuestionado hoy. Los países pobres no perciben que la liberación de mercados les haya traído mayor crecimiento.

El libre comercio trae mayor eficiencia y riqueza, pues permite mayores escalas de producción y especialización. El problema ocurre cuando la liberación se hace a medias, tanto en los países pobres como en los ricos. En los primeros, los procesos de liberación suelen no completarse a causa de la influencia de poderosos intereses particulares. Es el caso de muchas empresas que buscan a toda costa la protección de sus productos, con consecuencias negativas para los consumidores, que terminan pagando precios mucho más altos. También juegan un papel determinante las instituciones, que se prestan para perpetuar estos intereses. Poco interés le prestan al desarrollo de condiciones para mejorar la competitividad de las empresas locales y mucho menos a la protección de los derechos de propiedad o la estabilidad de las reglas del juego.

Por su lado, los países desarrollados han sido poco transparentes a la hora de aplicar las normas de comercio. Mientras piden mayor apertura para sus productos, mantienen las puertas cerradas a aquellos en los cuales los países pobres podrían tener una ventaja competitiva, como los productos agrícolas. Además, restringen el flujo de personas, obstaculizando los mercados de servicios, y hacen dumping en los mercados de bienes en los que operan.

El mundo tiene puestas sus esperanzas en la ronda de negociaciones multilaterales pactada en Doha en el marco de la OMC. Se estima que la liberación de los mercados de los países desarrollados miembros de la OECD representaría ingresos a los países pobres por US$75.000 millones, mientras que el libre movimiento de personas para trabajar en el sector servicios podría significar otros US$150.000 millones. Esto es más y, más productivo, que la ayuda proveniente de los países desarrollados.

Si el mundo no logra avanzar en la eliminación de las barreras de comercio, difícilmente puede esperar un mayor crecimiento que permita reducir la pobreza. La progresiva pauperización del mundo deberá llevar a que, tarde o temprano, los países desarrollados se vean obligados a moverse en este sentido. Si no lo hacen, el crecimiento de sus ventas de bienes y servicios se va a reducir a un mínimo.

El libre comercio es para tomárselo en serio. Ante Colombia se abren, como opciones de negociación, la Ronda Doha de la OMC, el Area de Libre Comercio de las Américas (Alca) y la posibilidad de un acuerdo bilateral con Estados Unidos. Las dos primeras opciones están relacionadas, pues el avance del Alca está sujeto al progreso de la negociación agrícola, y esta depende de lo que ocurra en el marco de la OMC. Es claro que, sin descuidar estos frentes, la verdadera posibilidad de tomar la iniciativa está en un acuerdo bilateral con Estados Unidos. Este tema es urgente, especialmente si se tiene en cuenta que Colombia pierde ventajas cuando otros países y regiones toman la delantera en este campo. Chile ya tiene un acuerdo con Estados Unidos y Centroamérica ha iniciado su negociación.

El acceso preferencial al mercado de Estados Unidos que el Atpa concede a Colombia para confecciones y otros productos es temporal. Un acuerdo bilateral es prioridad para el país. Tanto las instituciones públicas como las empresas privadas tienen que hacer la tarea y prepararse para una buena negociación. Es la única manera de atraer inversión y garantizar crecimiento.
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