| 2/1/2012 6:00:00 PM

El dólar

La discusión sobre la revaluación del peso parece no tener evolución. La clave es comprender que la competitividad va más allá del tipo de cambio.

Parece que en Colombia nada nuevo se puede decir acerca del asunto cambiario, uno de los temas centrales de la política económica. La naturaleza cíclica del debate puede confundir al más agudo de los analistas, pues, periódicamente, iniciamos una discusión que parece no tener evolución alguna. Es como si la historia tuviera que repetirse infinitamente. Esto no debe ser un obstáculo para que el país empiece a encontrar nuevos consensos sobre el que algunos consideran ‘el gran asunto’ de la economía y la política: qué hacer con el precio del dólar

El primer consenso, justamente, debería ser que la historia no se repite. La manera como se define la política cambiaria en el país ha sufrido profundos cambios en las últimas décadas. Durante casi un cuarto de siglo, la cotización del dólar se fijaba administrativamente, gracias a los buenos oficios de tres funcionarios: el Ministro de Hacienda, el Gerente General del Banco de la República y el Gerente Técnico de la misma entidad. Ellos, con la información disponible a su alcance en esos momentos, definían la tasa del mercado para las grandes operaciones de comercio exterior. Ese esquema se mantuvo hasta comienzos de los 90, cuando el país decidió abrir las fronteras al flujo de capitales. La transición duró ocho años, en los que nació, creció y murió el esquema de bandas cambiarias, que permitió el paso hacia el libre comercio de divisas. Desde 1999, en Colombia el precio en este mercado se fija por la libre interacción de la oferta y la demanda.

Justamente porque había más información disponible para todos los actores, la discusión ganó preponderancia en la agenda pública. El debate cambiario salió de las oficinas de los tres funcionarios que tomaban las decisiones y se volvió un activo de toda la población. Cada cual tiene algo que decir sobre el tema.

Otro consenso necesario es reconocer que el mercado de divisas se ha transformado radicalmente. Los flujos internacionales de capital son enormes. Solo la inversión extranjera directa en Colombia llegó a US$15.000 millones el año pasado, según lo reveló recientemente el ministro de Comercio, Sergio Díaz-Granados. A esto hay que sumarle que el comercio exterior colombiano llegó a un volumen total (importaciones más exportaciones) superior a los US$100.000 millones. Como si fuera poco, la deuda externa de Colombia alcanzó los US$72.000 millones a septiembre del año pasado, una variación neta de US$10.000 millones en un año.

De aquí se desprende el tercer consenso necesario para abordar el debate cambiario: las herramientas de política están condicionadas por los enormes volúmenes de recursos en movimiento, que las hacen menos efectivas cuando se trata de enfrentar tendencias estructurales. Pretender que el Banco de la República o el gobierno nacional garanticen durante algún tiempo considerable un nivel de tipo de cambio es un imposible categórico.

Las acciones de política frente a un choque de oferta de divisas tienen efectos de muy corto plazo y, por el otro lado, pueden desbarajustar la estrategia para mantener a raya la inflación, uno de los principales logros de la política monetaria de estas dos décadas.

El cuarto aspecto de consenso es reconocer que la tendencia de revaluación del peso colombiano no es única: la mayoría de las monedas mundiales están comportándose de manera similar.

Si algo refleja esa tendencia a la baja, es que la economía ha cambiado y para bien. Desde hace casi cinco años, varios expertos vienen advirtiendo sobre la amenaza de una enfermedad holandesa: un tipo de cambio revaluado por el exceso de divisas que origina un único sector; eso diseca el resto del aparato productivo colombiano.

Hasta el momento, ese fenómeno ha sido parcialmente cierto: sin lugar a dudas, varios sectores se han visto afectados por la apreciación del peso. Es el caso de metalmecánica, textiles y flores, entre otros. Pero las cifras siguen revelando que en otros sectores hay mayor resiliencia a estos choques. Cabe recordar que el país completa en 2012 cuatro años de tendencia revaluacionista. A pesar de ello, la industria sigue generando empleo y las exportaciones no tradicionales continúan creciendo a un saludable 18%.

Las autoridades deben mantenerse alerta, para generar políticas que permitan paliar los efectos de la revaluación en los sectores afectados. Sin embargo, es necesario recordar que a la liberalización cambiaria se llegó por un camino lleno de sudor y lágrimas y con una recesión de por medio en 1999. Las autoridades cuentan con unas medidas que pueden aplicar, sin poner en riesgo la estabilidad de la política monetaria y el objetivo central de que los precios no se disparen y la economía siga creciendo. Esto pone de presente el más importante de los consensos a los que debe llegar el país: la competitividad está más allá del tipo de cambio.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?