| 8/3/2011 6:00:00 PM

El desgaste de Obama

La pelea en el Congreso gringo por el límite de la deuda dejó sin oxígeno al presidente Obama. El TLC con Colombia, uno de los principales damnificados.

Al pueblo, pan y circo. Así reza el adagio popular y así parece ser la forma de hacer política aquí, en Cafarnaún y en Washington. Basta ver lo ocurrido en el Capitolio durante las últimas semanas, donde republicanos y demócratas se rasgaron las vestiduras en medio de un espectáculo mediático que acaparó la atención del planeta y hundió las bolsas en todo el mundo. Al final, salió humo blanco y Estados Unidos se salvó de la cesación de pagos, pero la sangre que quedó en el ruedo prueba que fueron más los damnificados que los beneficiados.

No hay ganadores. El mayor perdedor, y en forma dramática, es Estados Unidos como nación. En lo político, el sistema demostró su incapacidad para operar y su vulnerabilidad ante la influencia de los radicales. En lo económico, el estatus de esa nación como líder global ha quedado seriamente cuestionado. Y lo peor es que el mal está hecho. Incluso después del acuerdo sobre el techo de la deuda alcanzado en el Congreso, aún es posible que los papeles de Estados Unidos pierdan su calificación, pues el presupuesto sigue desbalanceado.

En política, sin embargo, con frecuencia lo importante no es quién gana, sino quién pierde menos. En este episodio perdió más el presidente Obama que sus opositores, los republicanos del Tea Party. El índice de aprobación de Obama cayó a 40%, según Gallup. Obama salió enormemente desgastado tras demostrar su pérdida de control sobre el proceso y sobre lo mucho que le cuesta a su gobierno lograr algo tan esencial como impedir un default soberano.

Obama ya no la tiene fácil para un segundo mandato. Si bien se había desgastado fuertemente antes de este episodio, su mayor activo para la reelección era el temor de los votantes de centro frente al avance de los republicanos radicales. Ahora, esa fortaleza se ha perdido, pues ya no luce como un líder capaz de ponerle un límite al Tea Party. Prácticamente todos los puntos que defendían los demócratas sobre ingresos y gastos públicos fueron cedidos por Obama a los republicanos en el acuerdo final. De hecho, lo único que pudo conseguir fue que el tema del techo de la deuda solo se volverá a tratar en 2013, después de las elecciones presidenciales.

La derecha estadounidense también perdió, pero menos que Obama. Los líderes del Tea Party se confirmaron como defensores de posiciones extremas, a quienes no les importó manipular el proceso democrático y arriesgar el liderazgo de su país en la economía global, con tal de defender los intereses de los más ricos y humillar a su Presidente. El temor frente a los excesos a los que puede llegar el Tea Party se ha incrementado, dentro y fuera de Estados Unidos. Sin embargo, si bien sus objetivos son delirantes, los lograron.

El Tea Party, ese movimiento neoconservador aún desconocdido para muchos en el mundo, ha demostrado su capacidad extraordinaria para imponer la agenda política. Durante décadas, el tema del aumento del gasto en Estados Unidos se votó automáticamente, casi como un trámite a puerta cerrada. Fue el Tea Party el que cambió esa condición e impuso una modificación para que fuera votado públicamente.

El Tea Party y los republicanos, con su enorme capacidad para manejar el lenguaje y comunicar mensajes probadamente disfrazados, le vendieron al mundo el cuento de que Obama creció la deuda, incluso más que Bush. Nada más falso. El presidente Bush recibió un país que estaba prácticamente en superávit y lo llevó a la bancarrota, al afectar los ingresos fiscales con extraordinarias exenciones de impuestos para los más ricos y al meter al país en unas guerras imposibles que multiplicaron los gastos. Con su desregulación financiera, enriqueció a una minoría de ricos a costa de toda la humanidad.

Esta debacle deja muchos platos rotos, algunos de los cuales nos afectan muy de cerca. Entre ellos están los TLC con Corea, Panamá y Colombia. Los tratados comerciales con los tres países estaban en fila para su aprobación, pero ahora el tema seguramente se volverá a aplazar hasta el próximo año. Todavía hay quienes piensan que es posible pasar los acuerdos en septiembre, pero la polarización en la que quedó el Congreso norteamericano hace que esto sea muy difícil.

Estados Unidos se salvó esta vez del impago de su deuda. Sin embargo, los efectos sobre la capacidad de liderazgo global de esta potencia se sentirán por los próximos meses y años. Si a esto se suma la caída en la manufactura gringa y el estancamiento del empleo, los augurios no son nada buenos, en medio de una crisis mundial que no se ha superado. Mala noticia para el mundo. Y un default a la moral de la humanidad.
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