| 7/4/2008 12:00:00 AM

El costo de la irracionalidad

Las actuaciones recientes del presidente Uribe ponen en entredicho la estabilidad económica del país y podrían borrar lo alcanzado en este frente durante sus dos periodos de gobierno. La Corte Suprema tiene también una parte de responsabilidad.

La confianza inversionista, de la que tanto alarde ha hecho el presidente Uribe, se vio claramente amenazada el viernes pasado, a raíz de sus declaraciones en el sentido de llamar a un referendo para validar con el pueblo la legitimidad de su segunda elección.

El peso colombiano, que venía revaluándose aceleradamente, perdió en un solo día el 4,92% de su valor y, más grave aún, registró una de las más altas volatilidades de la historia. Allí vimos un anuncio de lo que podría ocurrir en Colombia si se perdiera la confianza. ¿Qué negocio podría prosperar en esas condiciones?

¿Qué inversionista extranjero o nacional va a estar dispuesto a traer su plata a Colombia, cuando a los controles de capitales existentes se suma la incertidumbre de un referendo como el que propone el presidente Uribe? ¿Cómo argumentar la coherencia de una decisión tan costosa con la escasez de recursos y con los anuncios recientes de la voluntad que tiene el Gobierno para reducir el gasto público? Adicionalmente, ¿qué sentido puede tener para la Junta del Banco de la República actuar de forma responsable y como dicta la ortodoxia, si en cualquier momento, por puro capricho, se anuncian decisiones que desestabilizan la economía, como sucede en los países donde las instituciones no tienen ninguna respetabilidad?

Es increíble. Parecería ser que, como al país le está yendo bien, hay que encontrar la forma de que le vaya mal, porque simplemente los colombianos no podemos aceptar que la buena fortuna esté de nuestro lado por un periodo largo de tiempo. Y, se ha logrado. Los tres poderes están en entredicho; el ejecutivo, el legislativo y el judicial.

Con la situación actual de incertidumbre solamente ganan los especuladores, que gracias a la mayor volatilidad hacen utilidades millonarias. Ni siquiera los exportadores van a ganar con la devaluación del peso que ha seguido al anuncio del presidente, porque la crisis institucional no es buena para ningún negocio.

El país, como un todo, sale perdiendo. Pierde porque deja de tener credibilidad frente al mundo y la inversión necesaria para el crecimiento deja de llegar. Pierde porque el empleo que podría generarse como producto de la mayor inversión no se da y pierde porque no logra salir de su atraso en infraestructura, educación y salud y porque la crisis consolidaría el cuadro triste que conocemos como "subdesarrollo".

El presidente Uribe ha sido sin duda un mandatario excelente que logró recuperar la confianza de los inversionistas en el país. Gracias a esto, la economía ha crecido, el empleo se ha recuperado y hoy el país goza de una credibilidad que no había visto en muchos años. Precisamente, el informe central de esta edición de Dinero muestra lo que puede lograr Colombia cuando la estabilidad permite que las energías de los empresarios se dediquen a la inversión.

Sin embargo, en esta oportunidad al Presidente Alvaro Uribe se le fue la mano. Si no corrige el rumbo, las consecuencias para el país podrían ser nefastas.
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