| 11/1/1995 12:00:00 AM

El conspirador

EL PERJUICIO QUE este gobierno le está haciendo a la economía colombiana es incalculable. Un presidente que no se da por enterado de que él fue el principal responsable de su campaña electoral. De que esa fue su empresa, una empresa cuyo único propósito fue favorecerlo en una elección. Una empresa que fue constituida para su único y exclusivo favorecimiento. Y que él fue la cabeza indiscutible de esa empresa.

Si todo se hizo a sus espaldas, debe pagar porque él fue la cabeza responsable. Si no se hizo a sus espaldas, peor aún. Y esa era una empresa para ocupar el máximo honor que una democracia le confiere a un ciudadano. No es cualquier empresa. El sistema democrático depende de que esa elección sea limpia, de que no haya trampa, de que no haya dudas. En últimas, de que la elección sea legítima. Y en este caso, simple y llanamente no lo fue.

Mientras no tengamos un presidente legítimo no habrá tranquilidad en la economía. La incertidumbre política ocasiona parálisis económica. Cualquier cosa puede pasar. Más cuando se trata de un presidente que, sin ningún sentido del decoro propio, se obstina en desconocer su responsabilidad y antepone su pequeña ambición de poder a los intereses de la nación.

Y como si fuera poco, este presidente encabeza un gobierno que se burla cínicamente de quienes votaron por él, de quienes creyeron en su "palabra" de que no iba a subir impuestos, de que iba a desmontar el servicio militar obligatorio, de que iba a financiar el metro de Bogotá, de que iba a sacar adelante los proyectos sociales y cíe infraestructura que necesita el país.

Es ten gobierno dedicado a repartir favorcitos clientelistas a diestra y siniestra, sin importarle la eficiencia y la honestidad en las dependencias públicas. Es un gobierno que no toma decisiones, que no impulsa ni promueve iniciativas de beneficio general, que no compromete al sector privado en el esfuerzo de desarrollar al país. Es un gobierno débil, del cual solamente los avivatos politiqueros sacan provecho y donde la consigna es sobrevivir el día siguiente, apagando el incendio de ayer. En fin, es un gobierno que desde su inicio está conspirando contra sí mismo y contra el país.

Y mientras tanto la economía está sumida en la incertidumbre, esperando claridad política para resurgir con renovada pujanza.
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