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El coctel explosivo

| 6/26/2013 12:00:00 AM

El coctel explosivo

Varios países BRIC y CIVET, que fueron estrellas del crecimiento en la década pasada, hoy tienen a la gente protestando masivamente en la calle. ¿Se contagiará Colombia?

El fenómeno ha tomado al mundo por sorpresa. La capacidad de la gente para tomarse la calle en manifestaciones multitudinarias y poner a temblar a los gobiernos ha quedado demostrada, pero aún no se entiende cuál es la combinación que causa esas situaciones extremas. En Egipto y Turquía la causa se relaciona con la exasperación frente a gobiernos opresivos. En Suráfrica, las protestas masivas de los mineros obedecen a las condiciones deplorables de trabajo. En Brasil, el tema es un acertijo, pues es un país donde el bienestar económico aumentó sustancialmente y existe un gobierno democrático. ¿Cuál es la causa? ¿Qué tan cerca puede estar Colombia de un estallido similar?

El fenómeno llama aún más la atención al recordar los diagnósticos entusiastas en la prensa económica global respecto a la promesa que representan los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y los CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Suráfrica). En Egipto hubo protestas masivas en 2011 y en Rusia en 2012. Llama fuertemente la atención que de los 10 países “promesa”, ya van cinco (Egipto, Rusia, Turquía, Suráfrica y Brasil) donde las protestas masivas han florecido de la noche a la mañana y han puesto contra la pared a los gobiernos. Desde el punto de vista económico hay un factor común, y es que las protestas ocurren después de un cambio negativo en la tendencia de crecimiento. Pero la economía no es todo. Son muchos los países emergentes que se han desacelerado sin presentar situaciones similares.

La causa parecería estar relacionada con un peligroso coctel en el que se mezclan una fuerte desigualdad, una atribución de responsabilidad y una oportunidad.

La desigualdad está en la base de la mezcla. Esta nunca es tan dolorosa para los de abajo como cuando la economía crece por un periodo y luego se frena. En los BRIC y CIVETS el crecimiento dio lugar a una expansión de la clase media, donde millones de pobres subieron a los estratos medios y quienes ya estaban en ellos lograron mejorar sus estándares de vida. Grandes masas de personas entraron en una lógica de consumo acelerado, en la cual la posibilidad de cambiar el carro o el televisor cada dos años se convirtió en expectativa común. Al cambiar la tendencia, la frustración es particularmente dolorosa. En Brasil, la desaceleración económica ocurre al tiempo con un aumento en la inflación y una acumulación de deuda de consumo de los hogares. El impacto de la desaceleración es particularmente agudo a la luz de la efímera prosperidad que vivieron los hogares.

La atribución de responsabilidad es el segundo componente. La frustración se convierte en ira cuando la gente ve que hay responsables concretos para sus problemas. No es necesario que se trate de un gobierno tiránico, como en Egipto. Basta que las personas identifiquen corrupción y abuso de poder, como en Brasil, para que la mezcla se agite. El caldo de cultivo se hace más volátil porque en los años de expansión económica no solo se desarrolla una expectativa consumista, sino también cambian las ideas respecto a los derechos políticos y sociales. El crecimiento de los ingresos viene de la mano de un mayor acceso a la información global. La gente descubre que los gobiernos corruptos o antidemocráticos no son necesariamente males eternos y la resignación no es la única estrategia.

Finalmente, está la oportunidad. La chispa detonante puede ocurrir en cualquier momento cuando el ambiente está cargado por los dos factores anteriores. En Turquía, las protestas masivas se iniciaron cuando la policía disolvió por la fuerza una manifestación pacífica en el parque Taksim Gezi, en Estambul. En Brasil, una manifestación pacífica en Sao Paulo, el 13 de junio, motivada por el aumento del precio en el transporte público, fue brutalmente contenida por la policía. Lo que hasta ese momento había sido una protesta de los usuarios de los buses se convirtió en una oleada masiva de descontento que movilizó millones de personas en varias ciudades y obligó a la presidente Dilma Rousseff a anunciar nuevas inversiones públicas por más de US$20.000 millones y a impulsar una constituyente para revisar el régimen político. Todo esto en una semana.

¿Qué podría pasar en Colombia? La desaceleración tras un periodo de crecimiento, ascenso y endeudamiento de la clase media ya está ocurriendo. Afortunadamente, la identificación de unos responsables de la mala situación no es tan obvia. Si bien en Colombia hay abundante información sobre corrupción y abuso de poder en las alcaldías y gobernaciones, la gente percibe que el gobierno Santos puede ser lento e inefectivo, pero no corrupto. El nivel nacional no ha sido fuente de los grandes escándalos de corrupción en los últimos tiempos.

Esto no significa que no pasará nada. Puede ocurrir una desaceleración adicional, ligada al cambio de la economía global. Puede ocurrir un brote de exasperación ante las posiciones extremas de la guerrilla en la mesa de negociación y la incapacidad del Gobierno para llevar el proceso de paz a buen término. Puede ocurrir un abuso de autoridad que desate la energía reprimida. Es necesario que el Gobierno esté bien despierto ante el ánimo volátil de la gente y que no cometa errores de manejo que podrían resultar costosos.

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