| 10/15/2005 12:00:00 AM

El cierre de la negociación

Ad portas del final de la negociación del TLC, el país tiene que hacer un esfuerzo por mejorar su competitividad, si realmente quiere aprovechar las ventajas que trae el acuerdo.

El equipo negociador del gobierno está llegando al final de la negociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos. Puede decirse que el 95% de los temas está cerrado. Falta negociar solamente el agro y la propiedad intelectual, que si bien representan un 5% o menos de la agenda, generan gran controversia por ser temas sensibles.



Sin embargo, lo que el gobierno ha planteado en estos dos casos (en ambos, hay que destacar los límites impuestos para la negociación) es razonable y tiene sentido, cuando se busca defender los intereses del país sobre los intereses particulares. Colombia tiene un equipo negociador que hace bien su tarea. La sociedad tiene que entender la complejidad de la negociación. Habrá que hacer concesiones en algunos frentes, pues cada país que acude a la mesa debe ceder en unos puntos para ganar en otros. No se puede aspirar a registrar únicamente beneficios para todos los sectores en un país. El objetivo es obtener los mayores beneficios para el conjunto de la nación.



El libre comercio es la vía para generar el mayor bienestar económico. El tránsito hacia el libre comercio tiene ganadores y perdedores, pero está demostrado que en el largo plazo siempre son más los ganadores y, además, en el corto plazo se benefician los más pobres, que desde el primer momento tienen mayor acceso a más bienes, a menores precios. Ni el gobierno ni la sociedad deben perder de vista que no tiene sentido proteger a uno o dos sectores, que de cualquier forma tienen pocas posibilidades de prosperar en el futuro, a cambio de sacrificar actividades que sí tienen grandes perspectivas de crecimiento exportador y generación de empleo.



Los tratados de libre comercio llevan a los países a buscar la especialización y a encontrar qué pueden aportar al mundo en grandes escalas y con eficiencia. Las tres economías de América Latina que más crecen son Chile, República Dominicana y Costa Rica. Son las que más exportan. Ninguna de ellas se distingue por sostener una economía de alta diversificación y poca eficiencia.



De otra parte, por su carácter vinculante, el TLC ayudará a Colombia a sacar adelante las reformas estructurales que de todas formas requiere, pero que en ausencia de un compromiso de esta naturaleza terminan por ser pospuestas eternamente. El grueso del acuerdo está dedicado a asegurar reglas de juego claras y estables, no solo para el comercio, sino también para la inversión. Los beneficios de este cambio para un país como Colombia son incalculables.

Por último, un país que tiene un TLC con Estados Unidos se convierte en un interlocutor más atractivo para otros. El acceso preferencial al mayor mercado del mundo atrae la inversión de terceros países, que quieren beneficiarse de sus ventajas.



Terminada la negociación, viene una compleja etapa de revisión de textos, aprobación en el Congreso y ratificación por la Corte Constitucional. De igual forma, todos los colombianos deben entender qué se negoció y cuáles son los retos y las oportunidades, para lo cual el gobierno deberá trabajar en la divulgación por medio de foros públicos en todas las regiones.



Sobre todo, el gobierno tiene que trabajar en la competitividad del país, con el fin de que el TLC pueda cumplir su cometido. El índice de competitividad del World Economic Forum, que acaba de ser publicado, deja mucho qué desear. Aunque Colombia pasó del puesto 64 al 57 entre 2004 y 2005, aún falta mucho por hacer, particularmente en dos frentes. La capacidad del país para transferir y absorber tecnología y el ambiente para los negocios. Si el país no supera sus falencias en estos dos aspectos, difícilmente podrá competir en el nuevo mundo del TLC y poco podrá aprovechar las grandes oportunidades que conlleva.
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