| 11/24/2006 12:00:00 AM

El café se reinventa

Después de más de una década de crisis, el sector cafetero se orienta hacia un nuevo modelo basado en la diferenciación y el aumento de la productividad.

El café es siempre tema importante en Colombia y lo es más en noviembre, cuando se celebra el Congreso Cafetero y de la Asamblea de los Exportadores Privados de Café. Sin embargo, los debates de hoy adquieren un significado especial cuando se considera la obra de un cafetero ilustre, don Arturo Gómez Jaramillo, el zar del café, quien murió hace pocos días en Washington.

Gómez Jaramillo, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros entre 1958 y 1982, fue un visionario. Creó el personaje Juan Valdez y se empeñó en posicionar al café colombiano como el mejor del mundo. Convencido de que la única forma de evitar el desplome de los precios del café en una época de sobreproducción era mediante la organización de la oferta, trabajó intensamente en la consolidación de este objetivo, primero con el establecimiento del Pacto de Cuotas entre países productores y consumidores y posteriormente con la conformación de la Organización Internacional del Café.

El Pacto de Cuotas fue una respuesta ambiciosa y efectiva a las circunstancias de su tiempo. Gracias a los ingresos del café, Colombia y otros países productores pudieron financiar el desarrollo de los demás sectores de su economía. Tanto el país como su caficultura estarán siempre en deuda con don Arturo por estos logros.

Ese modelo de comercio administrado, sin embargo, no podía durar para siempre. El rompimiento del Pacto a mediados de 1989, que coincidió con la caída del Muro de Berlín y el despegue de la globalización, marcó una nueva etapa en la caficultura mundial. El siguiente episodio fue una crisis que se extendió más de una década y que hoy, afortunadamente, ha sido superada.

¿Qué viene ahora? El café colombiano necesita generar un nuevo modelo, ajustado a las circunstancias de la economía global de nuestros tiempos.

El gremio cafetero ha entendido que no se puede vivir de las glorias del pasado y que para sobrevivir hay que reinventarse. Esto es un gran avance. Como dice Gabriel Silva, gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, las épocas del mercado organizado y la estabilidad de volúmenes y precios se acabaron. Hoy tenemos que defendernos en el mercado, con diferenciación e innovación.

Silva ha declarado también que se debe aceptar que "la revaluación es un tema estructural, que solo puede compensarse vía aumentos en productividad".

Esta iniciativa por parte de un sector intensivo en mano de obra tiene grandes implicaciones. Del café dependen 500.000 empleos directos y viven más de 2,5 millones de personas. Por tanto, no hay lugar a equivocaciones en las medidas que se adopten para preservar el ingreso de este sector. Lo importante es mirar hacia adelante para crear los hechos y las políticas que permitan afrontar la nueva etapa.

Las decisiones en el sector cafetero están en línea con la política del gobierno, de reestructurar el campo colombiano para volverlo más competitivo y más pertinente en la economía globalizada. La ley Agro Ingreso Seguro, que hace trámite en el Congreso, busca asegurar los recursos para que se logre la reconversión del campo y Colombia aumente su oferta exportadora de manera competitiva.

Es importante que todos los sectores del agro valoren la oportunidad que ofrece el gobierno mediante esta ley. Más importante aún, deberán velar por que los recursos tengan la utilización adecuada. Deberían destinarse a la construcción d0e infraestructura —vías de acceso, distritos de riego, capitalización, etc.— y no a subsidios directos que no le generan valor ni al campo ni al país.

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Por motivos de salud, Javier Fernández Riva, amigo y columnista de Dinero, no ha podido escribir su columna. Esperamos su pronta recuperación y su reintegro a uno de los espacios más leídos y apreciados por los lectores de la revista.

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