| 11/14/2003 12:00:00 AM

El arte de posponer

En su columna del 7 de noviembre en El Tiempo, Rudolf Hommes, ex ministro de Hacienda y asesor del Presidente, habla del estado de "incredulidad suspendida" en el cual se mantienen los mercados respecto al gobierno de Colombia, hasta el punto de que nuevamente le han dado un compás de espera para sacar adelante el famoso Plan B. Nada más cierto que esto. En la semana que siguió al fracasado referendo, los spreads de la deuda externa colombiana subieron un poco, pero rápidamente se redujeron, y el precio del dólar, la variable crítica para medir la confianza, se mantuvo estable e incluso bajó. Es increíble que esto esté sucediendo, más aún cuando es totalmente claro que vendrá una crisis fiscal si no se lleva a cabo un ajuste de verdad.

Hay varias razones que llevan a los inversionistas a seguir apostándole al país. La primera es la decisión de querer creerle a Colombia. Por tantos años se ha hablado de la necesidad de ajustar las finanzas públicas, que esto ya se volvió parte del libreto. Los actores en los mercados internacionales insisten en ver lo positivo, a pesar de las advertencias, porque la experiencia les ha mostrado que los anuncios no implican necesariamente un desastre al día siguiente. Por supuesto, en cualquier momento podrían decidir que van a hacer caso a las cifras frías y no a las esperanzas. En ese punto, la perspectiva del país cambiará por completo.

Otro factor importante es la geopolítica. La situación latinoamericana actual (tanto política como económica) es tan complicada que Estados Unidos difícilmente puede darse el lujo de que en Colombia las cosas no funcionen. Al fin y al cabo, es el mejor aliado que tiene en la región. Esto lo saben los mercados, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el BID.

Sin duda, Colombia está recibiendo un apoyo importante en este momento. Sin embargo, el exceso de complacencia frente a la magnitud del desajuste fiscal sería muy grave, pues pospone una tarea que de todas formas hay que hacer. La falta de reacción de los mercados lleva a la falsa creencia de que aquí no pasa nada y que el tema de las finanzas públicas puede seguir tratándose con ligereza.

Prueba de ello es el Plan B, el cual no solo fue improvisado sino que se queda corto en la solución del problema. Bajo el lema de "Todos ponen", el gobierno pretende financiar con impuestos el gasto que es incapaz de recortar, a la vez que busca la utilización de parte de las reservas internacionales para cubrir el hueco de años anteriores.

En cuanto a los impuestos, no es comprensible que el gobierno insista en mantener todo tipo de exenciones, a la vez que grava cada vez más a los asalariados. De igual manera, no se entiende cómo, al mismo tiempo que propone la ampliación de la base del IVA y el aumento de la tarifa, que a todas luces es acertado, plantea la reducción al 15% del impuesto de renta sobre las utilidades reinvertidas, cuando en varias ocasiones se ha demostrado que esto en lugar de aumentar los ingresos fomenta la elusión.

Es evidente que no se está haciendo todo lo que se necesita para solucionar el lío fiscal y es evidente que no todos ponen lo que deberían. Ante estos hechos, es ilógico pensar en utilizar las reservas internacionales para el prepago de deuda, ante el enorme costo que esta decisión tendría en términos de la pérdida de la credibilidad y la confianza de los inversionistas en el país. Ese podría convertirse en el límite del apoyo de los mercados internacionales de capitales a Colombia.

El gobierno, el Congreso y el país tienen que entender que no hay camino para lograr la estabilidad diferente a hacer la tarea como corresponde. Los mercados han sido pacientes, pero de la misma manera como hoy le están dando un compás de espera al Presidente para que saque adelante su Plan B, cualquier día deciden que no esperan más y le retiran todo su apoyo a Colombia.
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