El año que termina

| 12/14/2001 12:00:00 AM

El año que termina

El 2001 termina con un crecimiento mediocre, inferior inclusive al previsto a comienzos de año por el más pesimista de los analistas. Muchas razones llevaron a este resultado, pero quizás la más importante es la incertidumbre que aún ronda a los colombianos frente a su futuro económico. El desempleo está en una cifra récord, la más alta de Latinoamérica y las perspectivas de un cambio radical en este frente no son claras. En este contexto es muy difícil esperar una recuperación del consumo de los hogares, que es lo que finalmente se necesita para que la economía arranque. Afortunadamente, en medio de esta aparente sin salida, hay colombianos que se destacan por su empeño en darle un giro al país. Los personajes, los negocios y los productos que destacamos en esta edición de Dinero son una muestra de esta dedicación y una luz de esperanza frente a lo que podría llegar a ser Colombia, si a los esfuerzos de estas personas se sumaran los del resto de colombianos. Solo así se podría hacer la diferencia, para que los años que vienen no sigan siendo más de lo mismo.



Las expectativas para el 2002 son grandes, motivadas en parte por los sentimientos de cambio implícitos en las elecciones presidenciales. Sin embargo, y sin querer ser aguafiestas, lo que pasará el año entrante ya está hasta cierto punto determinado por los acontecimientos recientes, tanto internos como externos. El próximo gobierno tendrá que enfrentarse necesariamente a una situación cambiaria y fiscal complicada, producto del atraso en la agenda legislativa y del aumento del endeudamiento público, así como a una economía mundial en recesión.



En el frente legislativo, aunque el gobierno avanzó bastante con la aprobación de la reforma a las transferencias y de la ley de racionalización del gasto de las regiones, la tarea está lejos de haberse cumplido. Del paquete de reformas necesarias para corregir el desequilibrio de las finanzas públicas, quedan pendientes la reforma a la ley 60, la reforma pensional y la ley de responsabilidad fiscal. El tiempo se está agotando y es difícil creer que en lo queda de esta administración se logren mayores avances. Infortunadamente, el costo de este atraso es enorme para el país en términos de necesidades de financiamiento y credibilidad. Lo primero, porque al no haber hecho los correctivos, la deuda pública siguió creciendo y cada vez se requieren más recursos para poder atender las amortizaciones de la misma. Y lo segundo porque, como lo muestra el caso de Argentina, los mercados no soportan indefinidamente los anuncios de cambio que no son seguidos por resultados contundentes.



Es inevitable sorprenderse ante el evidente contraste entre la mediocridad de nuestra situación macroeconómica y las sobresalientes ejecutorias de colombianos como los que identificamos en esta edición. ¿Por qué podemos ser tan buenos individualmente, pero nos cuesta tanto trabajo tener unos logros siquiera comparables cuando trabajamos en conjunto? La respuesta a esta cuestión seguramente sería la clave para salir del subdesarrollo y no pretendemos tenerla. Sin embargo, nos atrevemos a dar una pista: lo que nos falta es algo tan sencillo como identificarnos con los ganadores. Si lográramos convencernos, como país, de que el lugar que nos corresponde en el mundo es el de los líderes y que si trabajamos en llave podemos alcanzarlo, la suerte de Colombia cambiaría. Esta edición de Dinero, que reúne lo mejor del año 2001, demuestra que en nuestro propio país tenemos los modelos para seguir. Si seguimos su ejemplo, lograremos cambiarle la cara a Colombia en el curso de pocos años.



Esta es la última edición de Dinero en el año 2001. Volveremos a estar con nuestros lectores a partir del 25 de enero del año próximo. Deseamos a todos nuestros lectores una Feliz Navidad y un año 2002 lleno de éxitos en sus proyectos.
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