El Alzheimer colombiano

| 5/2/2003 12:00:00 AM

El Alzheimer colombiano

Hace tan solo ocho meses existía consenso entre la mayoría de los colombianos sobre la necesidad de corregir de una vez por todas el desequilibrio fiscal para poder darle vía libre al crecimiento económico. 2003 debería ser el año de la transición, en el que se harían todos los ajustes necesarios, y por cuenta de esta buena gestión la deuda pública se estabilizaría en el 49% del PIB y los acreedores internacionales y locales le seguirían prestando al país.

El tiempo pasó y para la mayoría de colombianos este tema, que un momento parecía prioridad absoluta, salió de la agenda. Del problema fiscal y sus consecuencias ya no se habla, y mucho menos del crecimiento exorbitante de la deuda pública, que ya llegó a 53% del PIB. Cómo vamos los colombianos a pagar esta deuda es algo preocupante, que compromete el desarrollo del país hacia adelante. Por cuenta de los intereses, US$3.454 millones en este año, equivalentes a 4,4% del PIB, no hay recursos para la inversión. Y sin inversión no hay crecimiento posible.

Los países sí se enredan en su deuda. Un excesivo endeudamiento, sin ajuste fiscal y con bajo crecimiento es la fórmula del fracaso, de la quiebra del país. Le pasó a Argentina y le podría pasar a Colombia. Como alternativa al ajuste fiscal se oyen toda clase de propuestas, desde prepago de deuda con las reservas internacionales hasta emisión por parte del Banco de la República. Incluso hay quienes sugieren que, de una vez por todas, se haga una reestructuración ordenada de la deuda. En ninguna de las propuestas anteriores está la solución. La única manera es haciendo la tarea que con tanto ahínco queremos evitar.

De otra parte, la política monetaria en los últimos meses ha sido bastante expansiva, hasta el punto de que la tasa de intervención del Banco de la República es negativa en términos reales. Este es un lujo costoso para una economía en problemas como la colombiana. La decisión del Banco de ajustar esta tasa y llevarla al menos a cero real es oportuna y bienvenida. Hay, sin embargo, quienes critican la decisión de haberlas aumentado en 1% el pasado 28 de abril, pues consideran que un aumento de las tasas de interés en este momento podría echar para atrás la incipiente recuperación que se está empezando a ver.

Un aumento en las tasas, dependiendo de su magnitud, podría contraer el consumo en el corto plazo, con un impacto sobre la demanda agregada. Sin embargo, dada la poca profundidad del mercado financiero colombiano, para que esto ocurriera tendría que darse un aumento importante, de por los menos unos cinco puntos porcentuales. Aunque esto fuera así, bien valdría la pena si se tiene en cuenta que cuando el Banco actúa sobre las tasas de interés, lo que verdaderamente hace es afectar las expectativas de inflación hacia adelante.

De hecho, la estructura actual de la curva de TES, con tasas de interés más bajas en su parte corta que en la larga, está mostrando unas expectativas de inflación hacia el alza. El hecho de que los inversionistas estén exigiendo tasas más altas para invertir a más largo plazo implica que no tienen confianza ni en la política monetaria ni en la capacidad del gobierno para arreglar el problema fiscal.

El Banco tiene que mantenerse en su objetivo y enviar las señales correctas para reducir estas expectativas, más aún cuando no hacerlo implica aumentar el costo de la deuda en el largo plazo.

Este año, el gobierno tiene previsto colocar $12 billones en TES y ha hablado también de un posible canje de deuda. Ambas operaciones deben hacerse al menor costo posible, puesto que no hay espacio para seguir aumentando el costo de la deuda pública.

No podemos caer nuevamente en el error de sacrificar el largo plazo por mejorar el corto. El Banco debe mantenerse firme en su propósito y el gobierno no puede dejar de cumplirles a los colombianos. El ajuste fiscal hay que hacerlo y si las tasas de interés tienen que subir para no sacrificar los logros en materia de inflación, esto es lo que hay que hacer.
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